abril 02, 2011

Buenas Intenciones

Un día sucedió que una hada medio fama vio a una fama medio esperanza aproximarse irremisiblemente al viscoso y verde abismo cronopial del cual ella había logrado salir hacía ya un tiempo, un poco maltrecha y con leves pérdidas materiales, precios insignificantes en comparación con la recuperación de la libertad. El caso es que aunque con toda su alma deseó disuadirla de su equívoco destino, le pasó como al loco del chiste, que da vueltas alrededor de un hoyo diciendo el mismo número y cuando alguien se asoma lo empuja y sigue la cuenta, esta hada refrenó el impulso samaritano que la invadía y calló, apenas un susurro ahogado de -!Cuidado!- escapó de sus labios al pasar por su lado,  porque Esperanza se deleitaba cayendo con cara de suprema satisfacción y Hada pensó que sería de mal gusto arruinarle la diversión. Vita brevis est. 
- Esa Fama medio Esperanza más bien parece una Esperanza medio Cronopia-  masculló para sus adentros nuestra amiga Hada Fama divagando en las probabilidades mestizas de las combinaciones Darwinianas mientras Esperanza se revolcaba con placer morboso en el verde fango melancólico del abismo supraemotivo de lagrimeo cronopial; sarna con gusto no pica como dicen por ahí.

enero 10, 2011

Visiones del Arrecife Azul (Serie, Técnica Mixta sobre Cartulina, Set/ Oct 2010)

Compartimientos Íntimos: Soy un arrecife con K, pero también una serpiente venenosa de montaña, categorías que conviven irreconciliables en mí. Una forma llena de  agujeros negros, un ecosistema que alberga millones de mundos y organismos, he sido dos planetas placentas, mi hogar es el cielo infinito y el mar más profundo, que son azules cuando los ilumina el Sol y cuando no son insondables; pero me toca poner los pies en la tierra y encender el fuego. Tengo un sueño recurrente, casi pesadilla, varía pero en esencia es el mismo, desde que soy niña, un diluvio arrasa todo, como en la Biblia y en todas las Cosmogonías, yo sobrevivo, a veces estoy flotando, a veces revuelta por la corriente, otras sumergiéndome más, respiro con comodidad en el agua, siempre me domina una inmensa paz. Después despierto y quedo aturdida por el mundo de la superficie. Por eso durante el tiempo que viví en una isla sufrí de claustrofobia geográfica.


Orillas
Insular
Unicornio pastando en el estómago de un pez monstruo

Raíz/Root

Equinoccio de Otoño

Oscilaciones del Núcleo


Llovió toda la madrugada

El vuelo de la avispa

La Inundación

Grietas y vórtices entre pilares azules

diciembre 16, 2010

Los Padres de los Dioses


Asintieron con la cabeza y la diosa se levantó, desempolvando sus velos. No sabía si estaba naciendo o la habían resucitado, tenía la sensación de un recuerdo, de unas vivencias borrosas de este u otro mundo, ¿cómo saberlo? La diosa bostezó, había despertado de la nada en que yacía, suspendida en el agobio de su eternidad, condenada a esperar, pero estaba aquí, quizás otra vez, por última o primera, o tan parecidas que no se pueden diferenciar... Los profanadores de descansos eternos sonrieron satisfechos, una vez más, los rituales de iniciación fueron superados, la invocación agitaba el corazón de la tierra hasta que lo latidos agrietaron el suelo bajo sus pies, el cielo se paralizó en el crepúsculo, los pájaros siguieron salpicando alpiste y Ella quedó desnuda frente a los transeúntes. 

octubre 09, 2010

La cazadora de coincidencias o El diablo está en los detalles

"El Vuelo del Deseo" (Acuarela y Tinta, 2005)

Va a llegar tarde, como siempre, pero más. ¿A quién culpar? A nadie. Es la única responsable. A la mente que se dispersa. A los objetos que cambian solos de lugar. A los relojes que se atrasan o adelantan o detienen cuando la compañía eléctrica raciona la energía y la Tierra altera la inclinación de su eje de rotación. No hay excusas válidas. La locura. Puede ser la locura. Esas ganas de romper con todo, pero no suficientes, no todavía. Escapar. No. Porque a donde quiera que se vaya se llevan los problemas. Sólo queda afrontar. Y entonces este cansancio, este hastío. La esperanza. Fe y esperanza. Aferrarse a la luz, creer, luchar por creer, por mantener la conexión.

        Iniciando aceleración... nivel 1... nivel 2... ¿Nivel 3?... No, hoy no...

El pecho trancado, la disnea. Volverá a llegar tarde, como siempre, pero más. Tentar la suerte. Balancear el móvil para probar la resistencia de ese hilo que parece tan frágil, tan endeble... pero que no se rompe, no todavía. Continuar, pero ¿hasta dónde?... Hasta encontrar el sendero buscado.

        ¿Y si estuviera buscando en la dirección equivocada? Todo se derrumbaría.

        Permanece atenta, no sabe dónde se esconde la clave. Debe reconocer el momento, la pista; DEBE saber hacerlo. Todo depende de eso, sí señor.

        ¿Será antes o después del salto? ¿Durante? ¿Cómo saber?

Camina con prisa, deslizándose entre las formas. Las personas sólo sienten una ráfaga de viento que les pasa por un lado.


        Hoy lo vi otra vez, me saludó de lejos. ¿Idealizado? Sí, claro, como todo lo inaccesible, pero, ¿a quién le importa? Es mi problema. ¿Tratar de explicarlo? En realidad no sé si pueda, porque… ¿qué podría decir que justifique las taquicardias, las esperas eternas, los desplantes, los vapores que suben y bajan, el perdón gratuito, la gotita de hiel destilada suavemente y en silencio cuando las otras víboras se le enredan? Ah… Sí claro, puedo hablar de su sonrisa y sus ojitos infantiles, ¡tan dulces!, o de su carácter jovial… también está su cuerpo magnífico, porque la carne es débil y todo aquello, más si le sumamos su destreza complaciente… Ay, es muy difícil decirlo, porque así, desglosado, no me parece la gran cosa y si lo pienso bien, es la imagen patética del despropósito, algo que particularmente he evitado a toda costa, pero entonces por qué… se me ocurre que quizás es sólo la camaradería, ese reconocernos iguales que no nos permite permanecer en nada, en nadie…

Ojalá se me quite esta pendejada...

Pero en el fondo sabe que no puede ser. Esa mirada que la desnuda, que la intimida, que le sube el rubor al rostro porque siente el fluido deslizarse con suavidad de seda entre las paredes de su sexo, mientras esquiva el encuentro frontal con esos ojos, mientras hunde la vista en las letras sin sentido del libro abierto sobre las piernas.

        Y él tan sereno, tan circunspecto... de repente despliega su sonrisa y desaparece. ¿Será real? Quizás más nadie pueda verlo… o quizás más nadie pueda verme a mí…

De todos los pasillos posibles del laberinto, se escoge sólo uno a la vez, descartando las otras posibilidades, los otros caminos, puertas que se convierten en ventanas por donde nos asomamos a medida que se avanza, preguntándonos cómo hubiera sido... rostros que se deslizan de la mente una vez evocados, paisajes que se olvidan por ser visiones lejanas, difusas; cada elección nos circunscribe a un sector específico del Gran Plan. ¿Quién podría desentrañar la red inexpugnable de concatenaciones que lo ha traído a este momento de su vida?

        No yo, por lo menos. Trato de descifrar el peso de cada decisión. Es imposible. Inexplicable, pero me gusta referirme a ello como la “organicidad del caos”; no sé cómo llegué a ese concepto, o si me lo fusilé de alguna lectura furtiva, pero acaso sea la única manera de dar forma a lo inasible... ¿En qué estaba?

Laguna Mental.

El tiempo que toma detenerse a recoger una flor o a treparse en un árbol puede marcar la diferencia cuántica entre la vida plena y el instante letal. Cada paso es una encrucijada. En algún lugar leí que el Diablo está en los detalles. Creo que Dios También.

        Me gusta caminar sin rumbo por la ciudad, redescubrir las plazas y jardines de la infancia, encontrar ganguitas en las callejuelas del centro, abarrotadas de buhoneros, conversar con la gente en los mercados de vistoso colores y frutas perfumadas, entrar al cine sola y llorar. Es la tragedia del solitario, llenar el día antes de volver a casa con el peso del mundo sobre los hombros. Lo veo desde lejos, como una respuesta, y quiero llamarlo pero la voz se ahoga en mi garganta seca. Apuro el paso y alcanzo a tocar su espalda suavemente, sobresaltada, balbuceo unas palabras. Los pensamientos bullen en mi cabeza a la misma velocidad que los latidos de mi corazón, las piernas me tiemblan. ¿Qué será de mi vida? ¿Cuál dirección debo seguir? Voltea y me sonríe como siempre. Yo me tambaleo, ¿Cuántas probabilidades existen de que este encuentro se produzca? 100 %, o no estaríamos aquí, sin duda, sólo atino a decir, con voz fingida, aunque nadie lo note además de mí: “qué casualidad…”, pero empieza a llover y el agua me salva del bochorno, corremos divertidos entre la gente, todos tratan de salvarse, pobres, quizás sus máscaras se derriten al mojarse, pero nosotros corremos, porque somos vitales ¿o vitrales? sí, pienso que somos cristales multicolores que filtran y transforman la luz en pequeños rayos irisados…

Azar imposible. Detrás de todo trasluce una voluntad desconocida que domina mis actos. El libre albedrío consiste en sincronizar con esa voluntad. El verdadero libre albedrío es ir al encuentro del destino.

 Las señales son claras, obvias incluso, pero me cuesta aceptarlas, me niego, porque me sobrepasan, porque me abruman, porque quisiera una clave para descifrarlas, para encontrar su posición en el rompecabezas... Poder ir más allá de los paralelismos, encontrar las coordenadas para sintonizar sin distorsión...

¿Cuántas manifestaciones serán necesarias para llegar a comprender que el destino se dibuja en las coincidencias?

Sus ojos son espejos, pero pueden mirarse más adentro, se reconocen, se intuyen, mientras el Genio de Vriak recorre el espacio buscando secretos para susurrarlos al oído de la Pitonisa, que los contempla sonreída al voltear la baraja, sabiduría corroborada por la magia del Gran Thau.

        En la capilla me arrodillo. Me humillo ante ti, Señor, Altísimo, porque soy soberbia, mal instrumento de tu servicio, vana, frívola y débil; oriéntame, Señor, Creador, sostenme en la fe. Los fenómenos son para atraer estudiantes al sendero, me dijiste, los iniciados deben aprender a reconocer las manifestaciones del poder. ¿Y eso en qué me convierte?

Siente vergüenza. Sus ojos se llenan de lágrimas y baja la cabeza.

        ¿Cómo puedo pretender demostraciones?, ¿más?, ¿acaso no son suficientes? Es verdad. Pero tú no me juzgas, Amado Señor, en cambio, me consientes, me inflamas de tu pasión, me fortaleces, me llenas... y ya después todo pierde importancia, porque estás conmigo, en mí, y es también entonces cuando mis deseos se cumplen, con tu bendición y el universo se organiza ante mis ojos en su estremecedora danza, me conduce al ritmo de las esferas hacia los compañeros, los seres mágicos.

Y si permites la entrada, descubres facetas insospechadas en los rincones harto familiares, matices, y hasta las personas desprenden chispas que antes no podías ver, chispas que las iluminan y embellecen, coincidencias, sí, detalles, sí, instantes, sí, magia, sí, entrega, sí.

O quizás sólo era un día de amor en el aire… 
(2001)

septiembre 20, 2010

Iluminación

        Sólo se escuchaban los grillos en la penetrante oscuridad; en la carretera, de cuando en cuando, un vehículo a toda marcha, cuyas luces sólo se veían por segundos. Se supone que estaba durmiendo, pero a estas alturas de su vida no sabía si soñaba cuando dormía o si la realidad no era más que una ensoñación. Hace tiempo que había dejado de hacer reflexiones.

        Quería simplificar su vida al máximo, no se permitía siquiera multitud de pensamientos; de tanta austeridad consigo mismo ya ni parecía un hombre, se había convertido en un vagabundo, su ropa se reducía a harapos colgantes, su cabello lucía rígido y opaco, grasiento como sus manos y, a decir verdad, todo su cuerpo. Su rostro estaba casi cubierto por una espesa barba; parecía haberse echado al abandono, pero en realidad se dio a la tarea de hallarse a sí mismo.

        Muchos creían que se encontraba viajando y en cierta forma estaban en lo cierto. Decidió alejarse de la vida mundana y experimentar, cruzar el horizonte, conocer otros mundos, tan cercanos y lejanos al mismo tiempo.

        Acostado como se encontraba sobre el césped, era un espectáculo magnífico. Su suciedad contrastaba con el limpio verdor del follaje. Estaba conforme, aunque se daba cuenta de los sacrificios que cometía voluntariamente; se contentaba con pasar los días vagando, durmiendo a la intemperie, cavilando sobre el mundo, pero no mucho, podrían aglomerarse los pensamientos y él no quería eso.

        Abrió los ojos, más que por un verdadero deseo de despertar, debido al reflejo insoportable de la luz solar en los párpados. Un bostezo, un estirón y luego…

        - ¡Qué claro está ya el día! ¿En qué momento amaneció, cuántas horas habré dormido?

        Al fin y al cabo, estaba allí para eso, huyó de su vida con el firme propósito de dedicarse a hacer nada, entonces, ¿de qué podría quejarse?

        Pero el ser humano siempre consigue un motivo para las quejas y él no era la excepción, si lo fuese no habría dormido en la hierba y despertado bajo el ardiente sol, si lo fuese nunca se habría ido de la comodidad del hogar; no, él no era la excepción, él sólo era otro loco, como muchos que andan por ahí, un loco igual a todos y diferente a todos, por el solo hecho de ser él mismo, independientemente de lo que sucediera con el resto del mundo, fuera de toda rutina impuesta.

        A pesar de todo, aunque no supiera a ciencia cierta qué o quién era ni por qué, tenía sentido pleno de su esencia, aunque en ocasiones su conciencia se turbara o se perdiera, aunque estuviera consciente de ser inconsciente o viceversa, tenía un conocimiento superior de su esencia. Sabía que debía encontrar una parte de sí que abandonó por mucho tiempo.

        - Bien, aquí, perdido en mi universo, solo, COMPLETAMENTE SOLO… ¿qué estoy haciendo?

        Nadie podría habérselo dicho, ésa era una respuesta que debía encontrar en su interior, sin duda sería más fácil decir que estaba perdiendo el tiempo, o el sentido, o ambas cosas, pero no siempre el camino más fácil es el mejor.

        Estaba emprendiendo el camino más arduo que ha de recorrer todo ser humano que se detiene a preguntarse qué es la vida.

        Éste era un día diferente. El aire caliente entraba por su nariz y le hacía respirar con dificultad.

        - Si me diera un baño, quizás si me diera un baño para librarme del sudor y del aturdimiento de este calor desesperante…

        Se encaminó al riachuelo que encontró a su paso el día anterior; se acercó a la orilla, se despojó de los harapos que lo medio cubrían y se sumergió de un chapuzón, salpicando agua por doquier, jugando por un niño, dejándose llevar por el tenue impulso del torrente, acariciado por la corriente, sintiendo cómo recuperaba la alegría en todo su cuerpo, en toda su alma. Y por primera vez en mucho tiempo, supo lo que significaba ser feliz.

        Ahuecó sus manos, las llenó de agua, se las llevó con cuidado hacia la boca, pero cuando acercaba los labios para beber de ellas vio su rostro reflejado, se observó cada detalle, cada rasgo, cada gesto. El agua se fue escurriendo poco a poco hasta dejar las manos sin reflejos y el rostro lleno de reflexiones. Entonces la luz se hizo en su nublada mente.


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