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mayo 21, 2013

En el Archipiélago-Mensaje en una botella

Arte de Harkalya: El Archipiélago de las Probabilidades, Feb. 2013

Adondefuiaparar:


¿Por qué me deseas? Yo no soy ninguna bomba sexy, una bomba sí, a punto de estallar, con el reloj en permanente conteo regresivo... yo sé que el tiempo pronto se va a acabar, pero no nuestro pronto, sino el pronto de los grandes, muy distinto y aún más relativo si se quiere…
¿Por qué me deseas? ¿Qué crees que encontrarás bajo el disfraz de trapo? ¿Acaso imaginas o siquiera sospechas que mi pierna esté llena de las ronchas que me salen por tanto rascarme las picadas de las malditas plagas que como tú anhelan trepar por mí y atravesar mi piel? ¿Acaso tú también estás desesperado por beber mi sangre?  ¿Por qué te crees con derecho a trasgredir los linderos de alguien más sólo porque entre las piernas tiene un hueco y no un palo, como tú? ¿Por qué tengo que aceptar la disculpa de tu lascivia y seguir siendo la buena joven señora que sonríe amablemente y ofrece café? ¿Quieres saber algo? No, yo no soy buena, en el fondo de lo que reprimo está esta asesina masiva, soy una máquina de matar, turbulenta, brutal, viene en mi sangre, linajes feroces destilados en úteros viperinos, no “amigo” (sabes que eso de AMIGO es sólo un eufemismo, para recordarte que no soy queso, que soy –en todo caso- mesa, que soy cuchillo, que soy trampa) no hombre, buena no, qué va, es sólo que no he prendido del todo esos motores –apenas un ronroneo de calentamiento que me deja saber que están ahí mismito a pedir de suiche-, es sólo que decidí no ejercer esa maldad, es sólo que me parece que el peor castigo es dejarles seguir llevando sus miserables vidas, conservar sus carencias, que no vale la pena ensuciarme con su inmundicia, que no. Punto.

septiembre 29, 2012

Muertes

"Hada Macabra" (tinta y acuarela sobre cartulina de ilustración)

En el lugar donde ahora estoy les encanta un muerto, a mí, que me considero vital, esto me parece rarísimo; porque la muerte siempre me ha pasado por un lado sin querer llevarme cuando se lo he pedido, dice que le divierte todo lo que soy capaz de inventar mientras me llega la hora. 

Una vez iba caminando por la Avenida Urdaneta y está esta mujercita insignificante bajándose de un autobús, delgada como un niña, falda negra, franela blanca de punto, un suetercito de estampado floreado sobre fondo negro, el cabello también negro, ya ciertos mechones canosos, una mujercita insignificante como una pequeña urraca, excepto porque justo en ese momento pasó un motorizado a toda mecha que la bombea contra la acera y entonces el inolvidable rictus de dolor en la cara, los ojos con unas pupilas que se dilatan hasta extremos imposibles y saberlo –que se murió-, saberlo las dos en ese encuentro de mudo canto de cisne, por qué tenía que mirarme a mí justamente, entre todas las personas que pasaban, caer a mis pies y mirarme ese instante mientras las dos vemos su muerte, desde adentro y desde afuera, un segundo antes de que la sangre empiece a bañar la calle, ser espejo del último aliento, quedar indeleble en mi memoria por un capricho del ¿azar? ¿destino?… y seguir, sin disminuir el paso, porque morbo sí que hay en todas partes y si me frenaba, llegar tarde no era una opción; pero es que no fue la primera, así otras, que no sé si vengan a colación en este momento; también aquella mujer tendida como marioneta sangrienta sobre la mesa de un café en Sabana Grande, el zapato de tacón rojo tan cliché colgando de su pierna en posición imposible… 

No sé, lo que decía, es que a mí muchas veces me ha pasado la muerte por un lado, como esquivándome, pero asegurándose de que la note, de que me dé cuenta. Un miedo me invade en lo profundo de la noche: ¿Seré yo de su estirpe? ¿Tanta mostración será una especie de entrenamiento? ¿Tendremos alma las parcas?

Volviendo a los de aquí, que en vida se dan una patada en el culo el uno al otro cada vez que pueden, familia y compadres incluidos, o quizás, sobre todo estos, que no les importa una mierda el cómo el cuándo ni el por qué, sino lo que ellos dicen y les da la soberana gana… ESOS los veo desfilar hacia los eventos fúnebres como con un cierto placer reprimido detrás de sus caras de conmiseración con el dolor ajeno como zamuros hambrientos se acercan con sus murmullos de rezos, merodean, cotillean, jartan, beben, en nombre de ese difunto al que nunca le pararon ni media pelota en vida, o al que quizás le metieron su zancadilla si tuvieron chance, no se entiende mucho, desde nuestra perspectiva, que exista una arraigada y profunda cultura funeraria, una construcción compleja y profusa de los ritos asociados a la celebración del acto mortuorio: rezo, velorio, rezo, funeral, rezo, novena, rezo, etcétera, rezo, etcétera, rezo, etcétera y al año otra vez rezo y etcétera y así. Quizás un rasgo tradicional heredado de otros tiempos. A mí, que la muerte se me ha mostrado tan vana y aleatoria, que me susurra al oído cada vez que puede, no me sale la lágrima fingida, no me gustan los banquetes de carroña.

julio 05, 2011

Reflexiones de la Maternidad Crónica: Comida


Uno se pregunta cuándo es mamá si existe algo peor que tener que preparar cinco comidas al día (desayuno, merienda, almuerzo, merienda, cena) a perpetuidad o al menos hasta que los chamos completan su desarrollo o aprenden a cocinar por su cuenta - lo que suceda primero-. Y como mi amigo Murphy se encargó de cagarlo a uno con sus leyes, pues sí que existe algo mucho peor: No tener con qué hacerlo.

Menos mal que existe la teta... aunque mi chamito ya no se aguanta con esa chuchería, él sabe que le salieron dientes y para qué se usan. Y gracias a Dios sean dadas por los cambures, porque el otro se ve flaquito, pero no se crean, las apariencias engañan, no es falta de apetito ni parásitos intestinales, sino disposición genética esquelética sumada a la hiperactividad...  producto de la sobreestimulación precoz, me  dijo una vez una pediatra. El asunto es que los dos comen y no cuento precisamente. "Mami, ¿qué más me puedo comer?"

Y es que uno en su ingenua y comeflor fantasía neorrural como que cree que vas a sembrar moneditas y te va a crecer el árbol de la plata y que todo lo que pongas se va a quedar como en la granja Fisher-Price, si claro, estupidez humana infinita, como diría Einstein. En el mundo real, tardas nueve meses esperando que te salga un apio y cuando lo pares, digo, cosechas ya se te pasó la yuca, todavía le falta al ocumo y asi sucesivamente. Cuatro meses pa comerte una cachapa con maíz de tu propia cosecha, si tienes suerte. Pero como uno "no le echa nada" a las matas, es decir, que no uso agrotóxicos, que si no es una hormiguita, es un gusanito, o es una arañita, o es un pajarito, o la gallina que te picotea el huerto o el perro que te lo pisa o el chivo que se te suelta o la vaca del vecino que traspasó la cerca, o etcétera, porque la vida en el campo ES ASÍ.

Reto Reality Chou almuerzo del día: 200 gr de acelga, 10 tomates cherry, 1 cebolla, 1 cabeza de ajo, 1 pimentón (picoteado de gallina), 1 huevo (si la gallina pone el que le toca, que a veces se toma el día libre, la muy muy), cebollín, apio españa y lo que se encuentre por ahí, al propio riesgo. Tantas moras y fresas maduras como recolectes. Un poquito de miel. 
Tiempo: Lo que dure la siesta del bebé (entre 20 minutos y dos horas, el excedente será penalizado con una alarma increscendo instalada en el infante, mejor conocida como llanto).

La semana pasada hice magia. Esta semana me toca hacer milagros.

julio 09, 2008

Armando


Armando Montesinos trabajaba en un taller, es mecánico auxiliar, es decir, aquél que no recibe ni un cumplido ni un gracias por lo que hace, casi tampoco un pago, pero ése es un cuento mucho más largo. Pasa la mayor parte del tiempo armando las piezas de motores y engranajes que el mecánico encargado es incapaz de reparar y volver a montar. Entre motor y motor él prende su propio tubo de escape, potencia turbo, lo arma caleta y después, antes de que explote el capó, a pisar chola, probando el entuerto de las tuercas con un recorrido panorámico, algo podría decirse “MILagroso”. Se ríe de su propio chiste.

Su pana El Montañés le vende los libros bien resueltos. Libros de 20, 30, 50 y 70, encuadernación pura pasta, remates de Monte Ávila Editores. Calidad. Puros autores colombianos. Descuento o ñapa pa’ los panas. Armando le compra cantidad. Es un lector apasionado, febril.

Armando arma el primero bien temprano mientras cocina el desayuno, se facha con calma, el trabajo no empezará antes de que él llegue, es importante irse bien apertrechado. Dos huevos con tocineta y un par de arepas recalentadas aguantan bien hasta la hora del almuerzo. Armando se arma una historia en el camino que justifique la tardanza. Esos malditos negreros no entienden la importancia de un buen desayuno en el rendimiento de los obreros como él, un mecánico ordinario, hediondo como todos los asalariados, miserables, explotados, que no pueden ni gozarse un buen desayuno y la vara MATUTINA SIN ARMARSE UNA MENTE, mientras ellos se levantan de sus camas estiradas y ya tienen cuatro jala bolas lavándolos, vistiéndolos, atapuzándoles la comida y sacándoles los gasecitos al final.

Los dueños del taller nunca se ensucian las manos de grasa. Siempre tienen un pariente con hambre que dirija a los demás tarados. Así nos llama, lo he escuchado cuando regaña a Luciano mientras me estoy fumando el gran bate por detrás del aire acondicionado de la oficina y cree que no lo escucha nadie. Tarado voy a quedar después de éste… ¡ARMANDO!... Armando la facha, armando la rosca, armando la tuerca, armando la palanca, armando el gato, armando la movida, Armando dónde estás metido, armándose una, armando la mente, armando la excusa, armando una pieza, armando una cosa, armándose otra… ¡Armando: ESTÁS DESPEDIDO!
Armando pasa por el Almacén Doña Pepita y se compra tres libritos de hojas de arroz antes de ir a casa; también hace escala en la panadería -¡ARMANDO EL MONCHIS!- y se compra un par de cachitos de jamón, una malta, medio litro de leche y un paquete de galletas Oreo.

- Que se armen ellos mismos su vaina, porque lo que es éste servidor lo que va armar es senda vara.

junio 20, 2008

El Árbol de Narciso





Lo que no dijeron los libros de mitología fue que al ahogarse en el beso de su reflejo, mi abuelo alcanzó un estado de éxtasis tan arrobador que su orgasmo se esparció por el agua al mismo tiempo que su aliento abandonaba su cuerpo.

Más tarde, todas aquellas que se asomaron a la fuente quedaron preñadas por Narciso a través de la pupila, es lo que se ha representado simbólicamente con su transfiguración en flor.

Pero no se crean que el despecho de Eco quedó impune. Toda la descendencia ha sufrido la herencia del desplante y estamos condenados a la egolatría, sabemos de antemano que nunca encontraremos un objeto tan digno de amor como nosotros mismos, excepto quizás cuando reconocemos esa herida en el fondo de otros ojos que delatan el parentesco…

Los hijos del árbol de Narciso vivimos en la soledad de un recíproco amor insatisfecho. Nos reconocemos porque para nosotros nadie es tan importante que el yo mismo, nuestra libertad es un bien inalienable y si nos relacionamos es sólo mientras la mirada del otro nos refleje sin exigencias.

Ellos, los otros, están destinados a sufrir la historia de Eco y nosotros a purgar el castigo mítico y florecer, reproducirnos, con esos que nunca serán nosotros, aunque quién sabe, con todos estos adelantos en materia de genoma y clonación, capaz que un día cualquiera nuestra genealogía rompa con el ciclo kármico.

Terribles frutos del árbol de Narciso, también nos conocen con el nombre de deseos.
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