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noviembre 01, 2013

Ojo Vago

"Mundo Ocular" ACEO 3,5 x 2,5' Ilustración de Harkalya


-          Está mejor así o así?
-          No sé…
-          Y así?
-          Mejor…
-          Mejor hasta donde?
-          La 7 la veo, creo…
-          A ver dímela…
-          S-m-p-f
-          Ésa es la 6
-          Ahhhh… entonces no…
-          Y ahora?
-          Z-w-b-t
-          Ok…  entonces te voy a dejar así…
-          Ummm…
-          Lo que pasa es que tu ojo izquierdo es “vago”, el derecho hace todo el trabajo… con esta fórmula lo vamos a ayudar…
-          Ajá…
-          Puede buscar los lentes el lunes después de las 4 pm, o el martes para más seguridad…
-          Ehhh ¿me puede anotar el teléfono?
-          Claro, aquí tiene.
-          Gracias.


No pude explicarle al optometrista que el ojo izquierdo lo tengo perfectico, pero mirando para adentro todo el tiempo, que ése es el ojo con el que de verdad hago todo el trabajo… Ojo vagando infinitamente en otros mundos…  A la deriva de tantas tempestades…

noviembre 26, 2012

Hace como 12 años que dejé el cigarrillo




Hace como 12 años que dejé el cigarrillo, pero todavía me provoca, en ciertos momentos, no todos los días y a cada rato. Sin embargo, en ciertos momentos, sí, también cometo mis deslices, dos o tres pangas en una que otra celebración, dependiendo siempre del nivel etílico en la simple ecuación de a mayor curda más juma… siempre me pasa en las casas de los amigos fumadores, siempre le termino martillando a la amiga o a las abuelas, a los amigos no porque siempre están peleando por sus cigarros y lloran por cualquier caleta, niñotes… no sé por qué, es como una cuestión de honor no volver a comprar, aunque ya sé que me voy a terminar fumando unos 9 o 12 al año, debería comprarme la cajita pequeña y tenerla por ahí, para esas veces, pero no, yo sé por qué es que de verdad no la compro, es para no tener la tentación, en un arranque de ansiedad, por ejemplo, no, la verdad es que siempre me caigo a cobas en eso –entre otras cosas- y creo que voy a resistir, que no voy a caer, que me va a repugnar… ahí es cuando uno ve que borracho no es gente y siempre tiende a la autodestrucción… bueno, tampoco es que yo juzgue la calidad humana por los niveles de nicotina, pero es un hábito insano, lo sabemos y como cada quien con lo suyo, así como tengo una pana que fuma como una chimenea pero no toma ni pizca de azúcar por ejemplo, yo opté por dejar de fumar cuando me replanteé mi vida hacia un giro ecológico (¿Ilógico?) pero no he podido abandonar el chocolate… del cual también trato de abstenerme, con mucho menos éxito… De repente resulta que de tanto seguir la vía de la moderación no se ha templado mi carne ni mi mente al estilo de  los monjes budistas sino que me siento como reprimida, alucinando tentaciones estrambóticas –más en el estilo del pájaro loco- bajo el escándalo de la lluvia en las latas del techo, que traspasan su ración de lluvia para adentro… no, mi carácter no diría que se haya exactamente templado en este tiempo, ha sido más bien como un aplazamiento de necesidades y ritos accesorios ante las urgencias y las auténticas prioridades, es que yo no quiero acostumbrarme a pasar roncha, ni mucho menos llegar a que me agrade y por lo visto esto es una tremenda contradicción con el lugar que escogí para vivir, donde estoicamente consideran una especie de honor ese vivir sufriendo innecesariamente… Ahora dirá quien lee que por qué escribo esto… bueno, nada, que es uno de esos momentos en que me provocaría fumarme un cigarrillo y tal vez otro y otro con un café con un vino con un ron y otro y otro y otro… pero sólo tengo café… y estas ganas de quemarme una pangola y hacer aros de humo mientras mis problemas se esfuman lejos…

septiembre 29, 2012

Muertes

"Hada Macabra" (tinta y acuarela sobre cartulina de ilustración)

En el lugar donde ahora estoy les encanta un muerto, a mí, que me considero vital, esto me parece rarísimo; porque la muerte siempre me ha pasado por un lado sin querer llevarme cuando se lo he pedido, dice que le divierte todo lo que soy capaz de inventar mientras me llega la hora. 

Una vez iba caminando por la Avenida Urdaneta y está esta mujercita insignificante bajándose de un autobús, delgada como un niña, falda negra, franela blanca de punto, un suetercito de estampado floreado sobre fondo negro, el cabello también negro, ya ciertos mechones canosos, una mujercita insignificante como una pequeña urraca, excepto porque justo en ese momento pasó un motorizado a toda mecha que la bombea contra la acera y entonces el inolvidable rictus de dolor en la cara, los ojos con unas pupilas que se dilatan hasta extremos imposibles y saberlo –que se murió-, saberlo las dos en ese encuentro de mudo canto de cisne, por qué tenía que mirarme a mí justamente, entre todas las personas que pasaban, caer a mis pies y mirarme ese instante mientras las dos vemos su muerte, desde adentro y desde afuera, un segundo antes de que la sangre empiece a bañar la calle, ser espejo del último aliento, quedar indeleble en mi memoria por un capricho del ¿azar? ¿destino?… y seguir, sin disminuir el paso, porque morbo sí que hay en todas partes y si me frenaba, llegar tarde no era una opción; pero es que no fue la primera, así otras, que no sé si vengan a colación en este momento; también aquella mujer tendida como marioneta sangrienta sobre la mesa de un café en Sabana Grande, el zapato de tacón rojo tan cliché colgando de su pierna en posición imposible… 

No sé, lo que decía, es que a mí muchas veces me ha pasado la muerte por un lado, como esquivándome, pero asegurándose de que la note, de que me dé cuenta. Un miedo me invade en lo profundo de la noche: ¿Seré yo de su estirpe? ¿Tanta mostración será una especie de entrenamiento? ¿Tendremos alma las parcas?

Volviendo a los de aquí, que en vida se dan una patada en el culo el uno al otro cada vez que pueden, familia y compadres incluidos, o quizás, sobre todo estos, que no les importa una mierda el cómo el cuándo ni el por qué, sino lo que ellos dicen y les da la soberana gana… ESOS los veo desfilar hacia los eventos fúnebres como con un cierto placer reprimido detrás de sus caras de conmiseración con el dolor ajeno como zamuros hambrientos se acercan con sus murmullos de rezos, merodean, cotillean, jartan, beben, en nombre de ese difunto al que nunca le pararon ni media pelota en vida, o al que quizás le metieron su zancadilla si tuvieron chance, no se entiende mucho, desde nuestra perspectiva, que exista una arraigada y profunda cultura funeraria, una construcción compleja y profusa de los ritos asociados a la celebración del acto mortuorio: rezo, velorio, rezo, funeral, rezo, novena, rezo, etcétera, rezo, etcétera, rezo, etcétera y al año otra vez rezo y etcétera y así. Quizás un rasgo tradicional heredado de otros tiempos. A mí, que la muerte se me ha mostrado tan vana y aleatoria, que me susurra al oído cada vez que puede, no me sale la lágrima fingida, no me gustan los banquetes de carroña.

julio 05, 2012

Un "chiste" de acoso sexual


Chica, te acuerdas de la amiga mía, ésa que te dije que teníamos siglos sin hablar, pues me llamó en estos días, loquísimo lo que me contó, no es como que ella sea la jeva que está más buena del mundo, ni mucho menos, tampoco es que sea federica, no, para nada, pero bueno, tú me entiendes, no? en el país que exporta misses está como dentro del promedio, tú sabes, ni muy arriba, ni muy abajo, pero pasan dos cosas, que entre gustos y colores... ella es del tipo que gusta, pues, tiene lo suyo, no sé, se ve bien, es agradable, parece tan sutil, no sé, algo, cómo te digo, se ve tan espontánea, pero después cuando la conoces sabes que no, que es más compleja digamos, pero tú me entiendes, no?... y también aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey o, lo que aplica aquí, en tierra gocha la culona es la reina... Qué a cuenta de qué salgo ahora yo con esto? Pues que las gochas son planchetas, tetonas sí, pero chatas chatas por detrás, ah, no sabías? Es que ella se fue a vivir a Los Andes, a un pueblito ahí, con gente de lo más recatada, ultra católicos, pero en el campo, ella dice que la gente es rara, que no sabe como explicarlo, es otro mundo... y le han caído como moscas a la miel, con todo y que ella se empató con uno de allá y hasta le parió un hijo...

Cómo son las vainas, o más exactamente, cómo son los hombres de asquerosos, chica, que no respetan nada, que nunca se puede confiar porque uno no sabe con qué te van a salir a la menor oportunidad o descuido, ves, a ella eso le ha pasado siempre, desde que era una niña, antes de desarrollarse incluso, que le salen tipos babosos, que se equivocan porque creen que el pene les da derecho a todo y no, pues, se equivocan, sobre todo con ella se equivocan te digo, que ella no se destruye con eso, se asquea sí, como cualquiera que tenga escrúpulos, lógico, si todo se ha vuelto una chusma vulgar... La cosa es que el otro día, tipo diez de la mañana diríamos, regresaba ella de mover las cabras, pues sí, esa loca ahora está criando cabras, ah, la pinta tipo ropa de trabajo, o sea, mono deportivo holgado, botas de caucho amarillae de esas horribles que maltratan los pies, franela y un sweater cerrado, cabello recogido en un moño, cara lavada sin gota de maquillaje... es decir, que no se estaba haciendo la golfa sexy ni mucho menos, dando picón, ni nada por el estilo, para como era ella cuando estaba aquí con nosotras, tan chic, tan fashion, te diría que andaba ese día más bien hombruna, machorra y oliendo a berrinche de chivo, no te imaginas que sea la misma persona, te juro, claro que cuando se arregla sí, sabes, aparece la que todos conocemos, pero allá no y con todo y eso, ah, fíjate que entonces ella que regresa de mover las cabras y ve que se para un carro frente a la casa y sube desde el aguacate y es El Mocho, que le pregunta por su marido, pero en eso va y se le suelta la cabrita que estaba preñada y a punto de parir y ella le dice al tipo que ya va, que tiene que amarrar la cabra, no, y el tipo entra al patio, ella amarra la bicha, le ofrece café al señor, que ella lo conoce y a su esposa desde hace un montón de años, que es amigo de su marido y tal, entonces el tipo va y le dice que si le puede decir algo, que ella sí que tiene un cuerpo bello y tal, que disculpe pero que ella sabe, que las muñecas de ahí eran muy feas, que no lo tome a mal, que no es por ofender, que si cuantos años tenía ella, que si estaba enterita y que no sé más, yo te digo, que uno no termina de conocer a la gente, insólito, ¿y ella? anodada, y asqueada, claro, porque no es lo mismo el desconocido que te lo recuesta en el metro o el que te echa la sobada de pierna en el autobús o el que te pellizca el rabo al pasar o el taxista que se hace la paja parado en plena vía o el motorizado que se saca la pija y te la sacude en la cara mientras maneja con la otra mano, o los fetichistas que sabe Dios cómo consiguen tu número y te ladillan por teléfono, enfermos, pero desconocidos, al fin y al cabo... en cambio que una persona de tu entorno te salga con eso y en tu propia casa, qué horrible... no, pero ella ya sabe lidiar, te digo, no es que esté tan despampanante ni que sea verdaderamente simpática, es ese algo como un misterio, que parece dulce pero en realidad es amarguísima, ves, siempre le ha pasado con los tipos, se le lanzan encima, como poseídos, o se le declaran, siempre los ha tenido que estar poniendo en su sitio, desde chamita, a veces decimos que es porque ella es bruja, mamando gallo, por joder, pero sí, quién sabe, hasta puede ser...

"Frígida", tinta sobre cartulina, de la serie Doble Discurso

diciembre 03, 2011

Del Comeflorismo Urbano al Guerrerismo Neo Rural

Atención: Dirigido a: COMEFLORES, FLORIPONDIOS, ECO-CIBER-ACTIVISTAS y AFINES:

"Progresso − dalla idiozia contadina alla banalità cittadina"
Roberto Bazlen
(y añadiría yo: ¿y viceversa?)



Esto es una confesión o advertencia para aquellas personas que siendo ajenas al entorno campesino les da por emprender una vida ecológica o desean volver a la naturaleza en cualquiera de sus formas. Entonces, a ti, lector/@, que anhelas encontrar el sentido verdadero de la vida, vivir de forma sostenible y autosustentable, disfrutar de un ámbito bucólico o fumar porro todo el día (otra forma de decir lo mismo), quizás ver hadas y duendes, comunicarte con los animales, erradicar la pobreza y el hambre del mundo, ganar el premio Nobel de la Paz, salvar el planeta del apocalipsis climático...(musiquita instrumental in crescendo y final abrupto) o cualquier otro tipo de ideal con tinte verdoso... en fin, he dudado mucho sobre si escribir esto o no, pues en general no me gusta desalentar a la gente, menos fungir de abogado del diablo en materia de sueños, aunque si eres como yo, o sea, terrrc@ 'e bola, igual vas a seguir adelante con tu "proyecto" y cuando te desesperes te quedarás mirando "ay, pero qué lindo que es el paisaje" (ah porque te participo: desde el momento en que concibes el desatino, déjame decirte que se firma una especie de contrato invisible, o pacto demoníaco, entre tú, la parte interesada, a partir de ahora y para estos efectos, EL/LA COMEFLOR o CONTRATANTE, y por la otra el destino cruel, o parte solicitada, en lo sucesivo, LA CONTRARIADORA o VIDA REAL o simplemente CONSPIRACIÓN, por medio del cual de ahora en adelante la obsesión insana por una vida sana ha de calificarse eufemísticamente y también y sólo para estos efectos como EL PROYECTO). Y en realidad no se trata de desanimar, pero es que yo considero que alguien debería decir la verdad sobre las partes escabrosas de la vida a ver si los otros no se(nos) descalabran(mos) por el mismo despeñadero... todo esto viene porque a mí me molesta cuando me pasan cosas para las cuales no tengo marco de referencia, algo así como la tabla calórica de ingesta diaria, para saber si estás por encima o por debajo del promedio de consumo y las posibles consecuencias de un desbalance en uno u otro sentido, como cuando sabes el exabrupto carbohidrático que cometes al zamparte una torre de profiteroles...

Dejemos a Harkalya tejiendo su sueño, que mientras tanto me lo calo yo. Y lo que quiero confesar o advertir a cualquier citadino que esté tratando o queriendo dejar de serlo, además de la inconveniencia de la jartazón de carbohidratos azucarados, es que uno -que proviene de un entorno donde todo es metafórico-, no está preparado para un entorno donde todo es literal. Es decir, los citadinos no estamos hechos para pasar roncha  y principalmente, nos cuesta acostumbrarnos a tanta mierda, literalmente, tanto así -tanta mierda.- que a ese tema le dedicaré un artículo completo. Quizás te pasa como a mí y no te encuentras en  ninguna parte, entonces igual te vas a lanzar a la aventura de volver realidad tu PROYECTO, al menos de intentarlo. Desde ya te digo que deseches toda idea edulcorada y almibarada. Si quieres miel recibirás primero -y quizás solamente- los aguijones de las abejas. Abandona toda pretensión, toda expectativa, haz planes a sabiendas de que no se cumplirán en el tiempo previsto. Si tienes delicadeza apréciala ahora, antes de que la pierdas por completo. Resígnate a endurecerte. Olvídate de ideales, de conciencia. Aquí las cosas no se arreglan con escribir un manifiesto o pulsar un botón. El monte es rudo y duro. Sobrevivir es la nueva consigna. El ejército es de a 1. Uno contra todos, todos contra uno. Como los Mosqueteros, pero al revés, porque, recuerda, la parte solicitada es LA CONTRARIADORA o simplemente CONSPIRACIÓN, sólo para estos efectos.

¿No me entendiste? Quizás es porque lees esto fuera de contexto. ¿Pero acaso no lo estamos todos últimamente? La confesión es que sólo sigo aquí por terquedad y nostalgia, terquedad porque no tengo hacia donde retroceder y eso me hace seguir con férrea voluntad; nostalgia de mi ingenuidad, de los motivos que me impulsaron a saltar, de la fe y esperanza. La advertencia es que la vida Neorrural es a tu propio riesgo. Van a desaparecer los problemas que te molestaban en la ciudad, o muchos de ellos que es decir bastante, pero aparecerán otros que te harán desear materializarte adentro de una estación de transferencia del Metro de Caracas en hora pico un día de cobro! 

¿Todavía no me entiendes, no tienes idea de lo que hablo? Me explico un poco, aquí en el campo: "con todos los hierros" no quiere decir que comas Corn-Flakes antes de salir de casa, "Glyfosan Forte" no es un nuevo jarabe contra la tos, "Loc@ como una cabra" es loc@ como una cabra, "allá abajo" es una referencia absolutamente circunstancial (aplíquese a cualquier dirección no cardinal, v.gr. arriba, atrás, adelante...), igual que "el otro día", no alude a ninguna fecha en específico. "Unos palitos para una cerca" pueden ser cien árboles de tu bosque. Por literal y no específico. Porque lo más curioso es que lo muy literal se convierte en ambiguo, como lo de no aclarar para no oscurecer. Y así sucesivamente. Pero no es nada personal. Y eso puede llegar a ser insoportable, para un citadino claro. Ellos -los de aquí- parecen estar acostumbrados y funcionar así. Es así, te dirán. Ante cualquier atrocidad.

No nombremos aquí al señor Monsanto y Cía., eludamos el tema de la política local, mucho menos se te ocurra ser mujer - que el machismo que vas a encontrar es harina de otro costal. Tampoco hablemos de los muy esporádicos e intencionales incendios forestales (algo bueno tenía que tener el pichaque, todo está húmedo, poco se quema y sin embargo ¡Qué susto!), ni de los capataces de haciendas vecinas que resuelven las peleas entre perros a machetazos (a mi perro o el tuyo, ni de vaina al suyo), no hablemos de la apatía de la comunidad, ni de las arbitrariedades vengan de donde vengan. No hablemos de goteras que caen a chorros o de ropa que no se seca, ni de invasiones de hormigas rojas a medianoche entre tus almohadas. Ni de cabras que se ahorcan por ineptitud humana. Ni de la economía aberrante. No, no estamos hablando de ninguna de esas cosas, esto es apenas una breve disertación, un pequeño desahogo sobre el abismo comunicacional que pesa sobre nosotros los ex-urbanos neo-rurales -abismo que no siempre estamos dispuestos a salvar porque siempre es el de uno el brazo a torcer-, no, hoy sólo estoy lanzando un gemido con el que pretendo llamar la atención de quienes, como a mí, les encantaría tener un manual de instrucciones para situaciones desesperadas, para estos huérfanos de Coherencia que habitamos el Caos tratando de explicarlo, de entenderlo.

Comeflores que nos convertimos en Guerreros ajuro.

agosto 03, 2011

Invitación

Cuando los Cronopios se creen y/o comportan como Famas los resultados son sumamente extravagantes, como podrán percatarse al leer la invitación realizada por un particular matrimonio de cronopios que se enorgullece de su alcurnia y abolengo, al punto de realmente creer que pertenecen a la realeza, por el hecho de tener, literalmente, sangre azul:

INVITACIÓN

El Honorable Señor Don Azul de Metileno y su Venerable Esposa Señora Doña Violeta de Genciana

tienen el sumo y grato placer de invitar a Vd.

al Bautizo de sus Respetables Hijos

Añil, Garzo, Índigo y Cobalto

y Adorables Hijas

Azurina, Celeste, Malva y Lila.

La ceremonia se efectuará en la Basílica de Nuestra Sagrada Señora de Púrpura

Oficiará Su Exceléntisimo Cardenal Nazareno Zarco

Hora: Cuando Maduran las Berenjenas

Fecha: El Día de la Mora Dulce

Traje de Gala

RSVP


julio 27, 2011

"Disertación Vital" o "Vita brevis est" o "Qué carajo es la vida (o al menos, para qué)" o simplemente "Manifiesto"

Qué raro, veo a la gente tan orgullosa de todo, que si una boda, que si una graduación, que si los niñitos, que si el carro nuevo, que si esto y aquello, cualquier cosa, y a mí, no sé, como que nada me satisface o me interesa, todo me da como igual, lo que he logrado ya pasó y no me hace sentir ni frío ni calor, lo que no he logrado me incomoda pero no me quita el sueño; no me creo muy arrecha ni la gran vaina, sólo me importa hacer cada día lo que puedo y tratar de mejorar las cosas un poco, supongo que así soy feliz y no sé si es que de eso se trata la vida...

Cuando era niña creía que estaba predestinada para algo grandioso, de eso se trataría la vida. Cuando adolescente creía que merecía un brillante destino, mi futuro, es decir la vida, me parecía algo prometedor y lleno de esperanza. Cuando me gradué de la universidad ya me olía que el rollo de la vida era un fraude con perfume de fanfarria, pero era apenas una sospecha.

Hace un tiempo, cuando tenía expectativas, buscaba afanada la vida, hasta le escribía poemas a esa vida que yo estaba segura existía oculta en alguna parte. Porque sin duda que la escuela y la universidad no son vida sino preparación para la vida, pero después uno se gradúa, ajá, "lista para la vida" se diría, pero al menos yo no me logré convencer de que la vida fuera una semiesclavitud a sueldo mísero de quince y último, ni a tiempo parcial malpagado, ni a freelance subcontratada y peor... Así que sucesivamente, mientras más buscaba la vida menos me gustaba lo que encontraba. ¿Familia? Definitivamente nos viene por karma, pero ¿será el karma el meollo de la vida? no creo ¿Relaciones de pareja? no, ese peo no puede ser LA VIDA... ¿Amistades? unas muy frívolas, otras muy enrolladas, unas muy ocasionales, unas muy cercanas, pocas verdaderamente trascendentales... sin duda los amigos deben ser parte de la vida, pero la vida en sí, pues como que no, que si algo queda claro con los panas es que cada quien tiene SU vida... sea lo que sea que eso signifique...

Entretanto, o entretelones, la vida me encontró a mí, cómo lo díría, la vida se encontró adentro de mí, y me hizo correr. Porque es algo muy humano y natural (aunque lo natural ya no sea normal) que cuando uno no sabe muy bien qué hacer o adónde ir simplemente acelera el paso, ¡incluso si no te mueves para ningún lado!. Y bien, aquí estoy, echándole a la vida las bolas que no tengo, pero  no sé, será que estoy tan adentro de mí misma que es casi como estar afuera, en la soledad de mí, como flor de barranco, cogito ergo sum, sí soy, pero no me siento-soy ninguna de las etiquetas que pueda(n) guindarme, así que anglicísmicamente hablando (sí lo sé, abuso de mi licencia poética creando neologismos y juegos de palabras), más que soy, yo ESTOY hija, madre, nieta, sobrina, prima, hermana, cuñada, bruja, vecina, sentada, parada, vestida, desnuda, artista, ama de casa, repostera, homicida potencial, poetisa, narradora, profesora, ilustradora, amante, esposa, cocinera, lavandera, malcriada, menstrual, licenciada, dormida, despierta, furiosa, obstinada, depresiva, dramática, estoica, neurótica, efusiva, pasiva, evasiva, próspera, depauperada, iluminada, deportiva o lo que sea y nada de eso es lo que soy, a veces me desespero y grito, lloro en silencio, finjo demencia o cordura según el caso o me hago la loca y sonrío como me enseñó mi amigo Jimmy. No sé si es que me falta algo (además de la plata) o me sobra (además de los kilos), porque veo alrededor y la gente se la toma tan en serio a la vida y hablan tanto de la vida y tratan de vivirla todo lo que pueden la vida, y muestran orgullosos las postales de sus viditas, la vida, mientras que para mí es otro día la vida, un día más la vida, hasta cuándo la vida, para qué la vida, y no es que quiera morirme o piense suicidarme ni mucho menos, yo quiero llegar hasta el final y saber el resultado del juego... Porque es que yo creo -firmemente convencida- que la vida es un juego. Sólo que uno no se entera de las reglas ni del equipo... sólo supone. No hay instrucciones.

"Flor Eterna" Ilustración Digital por Angus

julio 20, 2011

El Flaco

Apareció una tarde a finales de junio del año 2009 frente a la casa donde vivía en ese entonces, la que yo apodaba "la chocita". Estaba viejo, sucio y enfermo. Sin embargo algo en su porte permanecía elegante y majestuoso. Otra causa perdida, pensé. -Ésas son las mejores- me gustaba decir en un lejano tiempo. 

Pasaron varios días, lo veía al salir en las mañanas y al volver en las noches, hasta que no aguanté más y le dejé un plato con comida y un pote con agua. En la mañana: vacíos... y ni rastro del personaje... bueno, agarraría fuerzas para seguir... pero al volver, en un rinconcito de la casa de Gonzalo lo vi asomando la nariz.

Ése fue el inicio de nuestra amistad. Con la confianza vinieron los baños, la peluqueada, el peinado, el cepillado de los dientes, el extirpado de pulgas y garrapatas, la cura de unas cuantas gusaneras y de un absceso que tenía en el cuello. ¿Asco? Desapareció a medida que nos compenetramos. Después me acompañaba para casi todas partes y hacía un escandalo si no lo dejaba seguirme. Como en esa época estaba en período de transición entre la chocita y mi terreno propio, lo asumí como un aliado, un familiar querido que había llegado a acompañarme.


Como ya era viejo no me pareció adecuado ponerle un nombre, o sea, lo intenté pero no lo logré: yo lo miraba fijamente a los ojos y le decía "¿Nico?... nada... ¿Lassie? nada... ¿Olafo? nada... ¿Torombolo? ¿Luis? ¿Marcel? nada... ¿Pirulín? ¿Gardel? ¿Pelúo? nada... él seguía echado, una pata cruzada sobre la otra, con la mirada melancólica y cansada, suspirando. Pero yo ya no podía seguir diciéndole simplemente "perro", así que empecé a llamarlo "flaco", que si "vamos, flaco, pa' casa 'e Lalo", "permiso flaco", "toma flaco" y así se quedó "El Flaco", porque al principio era puro pelo y hueso.


Mientras más nos conocíamos más me preguntaba yo ¿por qué lo habrían botado, qué habría pasado, lo buscarían en alguna parte? pues se notaba que en otro tiempo fue muy querido y consentido, hasta mimado. De cachorrito debió ser de lo más cuchi. ¡Si es que ese animal parecía gente! Entendía todo lo que uno le decía. El Flaco resultó todo un verdadero gentleman.


Y por esas cosas que pasan que son como pruebas de la vida o ironías del destino, cuando ya estaba bien bonito y sano, además de que por supuesto todos le habíamos agarrado muchísimo cariño, una tarde volvimos a casa y lo encontramos grotescamente muerto (¿y cuándo será que no es grotesca la muerte?)


-A ese bicho lo aliñaron- dijo Lalo. 


A mí se me hizo un nudo en las tripas. Desde la garganta hasta el intestino. Me dieron ganas de salir corriendo, llorar, gritar, todo al mismo tiempo. Pero como mi hijo aún no había visto nada, reprimí todo el drama y apenas una sola lágrima se me escurrió cuando le dije a Lalo con la voz quebrada -¿dónde lo vamos a enterrar?


Un par de meses después le sembramos encima un pino lazzo -el pino del Flaco- y hasta bromeé diciendo que éste sería el "pino Lassie". Y después traté de no pensar más en eso y de hecho lo hice, no pensé más en eso (y pues que no soy tan masoquista de ponerme a pensar en vainas que me depriman, coño, que para eso ya tengo suficiente con las circunstancias). 


Pero justamente por esas cosas que pasan que son como pruebas del destino o ironías de la vida, ayer cuando fui a cosechar en la mata de ají dulce de abajo, una rama del pino se me ensartó en la ropa. Cuando la agarré para zafarme pasó algo de lo más extraño: el arbolito se encendió con una luz espectral y los pájaros negros en lo alto del bucare ceibo se alejaron haciendo un sonido exactamente igual a los ladridos de mi amigo perdiéndose en la distancia. Enseguida lo supe, la raíz había llegado al cadáver y el alma del Flaco ahora emanaba de una nueva existencia vegetal. Mi compañero de camino ahora se levantaba para continuar junto a mí como un guardián fiel. "La vida no se acaba mientras el amor permanece", susurró en mi oído el Viento del Este. Escalofrío. Ésas son las sorpresas de la alquimia...





abril 02, 2011

Buenas Intenciones

Un día sucedió que una hada medio fama vio a una fama medio esperanza aproximarse irremisiblemente al viscoso y verde abismo cronopial del cual ella había logrado salir hacía ya un tiempo, un poco maltrecha y con leves pérdidas materiales, precios insignificantes en comparación con la recuperación de la libertad. El caso es que aunque con toda su alma deseó disuadirla de su equívoco destino, le pasó como al loco del chiste, que da vueltas alrededor de un hoyo diciendo el mismo número y cuando alguien se asoma lo empuja y sigue la cuenta, esta hada refrenó el impulso samaritano que la invadía y calló, apenas un susurro ahogado de -!Cuidado!- escapó de sus labios al pasar por su lado,  porque Esperanza se deleitaba cayendo con cara de suprema satisfacción y Hada pensó que sería de mal gusto arruinarle la diversión. Vita brevis est. 
- Esa Fama medio Esperanza más bien parece una Esperanza medio Cronopia-  masculló para sus adentros nuestra amiga Hada Fama divagando en las probabilidades mestizas de las combinaciones Darwinianas mientras Esperanza se revolcaba con placer morboso en el verde fango melancólico del abismo supraemotivo de lagrimeo cronopial; sarna con gusto no pica como dicen por ahí.

diciembre 16, 2010

Los Padres de los Dioses


Asintieron con la cabeza y la diosa se levantó, desempolvando sus velos. No sabía si estaba naciendo o la habían resucitado, tenía la sensación de un recuerdo, de unas vivencias borrosas de este u otro mundo, ¿cómo saberlo? La diosa bostezó, había despertado de la nada en que yacía, suspendida en el agobio de su eternidad, condenada a esperar, pero estaba aquí, quizás otra vez, por última o primera, o tan parecidas que no se pueden diferenciar... Los profanadores de descansos eternos sonrieron satisfechos, una vez más, los rituales de iniciación fueron superados, la invocación agitaba el corazón de la tierra hasta que lo latidos agrietaron el suelo bajo sus pies, el cielo se paralizó en el crepúsculo, los pájaros siguieron salpicando alpiste y Ella quedó desnuda frente a los transeúntes. 

septiembre 12, 2010

El Sermón


        Avelino del Sol se secó los mocos con la parte inferior del hábito, pero el padre no se dio cuenta porque estaba ocupado escanciando el vino, es decir, empinando el codo, para los que desconocen los usos y abusos de la Santa Iglesia. Avelino también escancia de vez en cuando, cuando nadie lo ve.

        Tomó unas brasas de mirra y las metió en el incensario, además tomó un puñado de hostias del paquete sin consagrar. Después del servicio irá junto a la laguna y se las comerá untadas con la jalea de higos que lleva en el otro bolsillo de sus pantalones bermudas.

        En la nave principal empezaron a sonar los bramidos del órgano, estertores resonantes que llenan la capilla con sus ecos.
        - ¡Maldita sea la madre del aparato endemoniado!
        - Hola, hace días que no te veía.
        - Jo’ es más de lo que muchos pueden decir… ¿cómo has estado chavalillo?
        - Por aquí y por allá, bien, supongo.
        - Al menos estáis vivo, que es bastante.
        - A ti no te va tan mal…
        - Bueno hijo, eso es otro cantar.
        - Nos vemos al rato, ¿vale?
        - Vale.

        Diciendo esto el ilustre Don Manuel Galende Martínez de la Hidalga se desvaneció a través de una columna y no levantó ni el polvo; costumbre que había adquirido luego de fallecer en un santo campo de batalla, allá por el año de 1.066.

        Ha empezado a llegar gente, los fanáticos siempre llegan temprano, para ocupar los primeros bancos (¡cómo si alguien les fuera a quitar el puesto!). El otro monaguillo, Rodrigo, se dilata en el campanario más de lo necesario y repica las campanas más de lo necesario también. Avelino sabe que lo hace para poder fumarse un cigarrillo, entre tan y tan le da una calada, cuando lo termine va a bajar y querrá ayudarlo enseguida con el incensario, pero sólo porque así queda ahumado de sahumerio y nadie le nota el olor a tabaco.

- Bienvenidos al Templo de la Caridad de Dios, amados hijos, hoy nos encontramos reunidos en la gracia de nuestro Señor Jesucristo para celebrar…

        La voz del Padre Gonzalo se va distorsionando en los pensamientos del acólito recostado holgazanamente de una columna próxima a la entrada. Desde la penumbra vio a todos los feligreses, los habituales, los esporádicos… y también los inapropiados.

        Entre los ocupantes de la penúltima banqueta Avelino distingue a la señora Ana Carballal, respetable matrona de las juergas nocturnas, para quien Avelino hace de mandadero por las tardes, cuando sale de la escuela. Todos le dicen Madame Annette, porque ella se las da de franchute y habla con  acento fingido delante de los visitantes, pero cuando el negocio tiene las puertas cerradas, maldice y putea cuanto se le atraviesa con más salero que cualquier zarzuela.

        - Hey Avelino, qué fauna variopinta se ha reunido hoy por aquí, eh
        - Sí Don Manuel, parece que con Lázaro resucitaron unos cuantos muertos…
        - Oye, majo, sin ofensas…
        - No, si no lo digo por usted sino por la urraca.
        - Ajá, pues para que cotilles completo, te cuento que la pajarraco no ha venido sola ni a rezar precisamente…
        - Sí, sería raro en ella, pero ¿y a qué?
        - Saber, lo que se dice saber, no sé, pero la he visto cruzando señas con el mentado Moro Fernández…
        - ¿El Moro? ¿está aquí?

        El Moro Fernández era un tipo siniestro, taciturno, sus amigos lo llamaban “el Negro Isidoro”, pero esa confianza estaba casi por completo reservada a las golfas que tomaba bajo su protección. Cuando se emborrachaba en exceso, lo cual no era poco frecuente, salía a patear perros callejeros, buscaba bronca a los transeúntes, recogía su renta en cada esquina y después a dormir la mona. Avelino pensó que la última vez que este tipo había entrado en una iglesia sería el día de su bautizo, si acaso.

- Entonces Marta replicó a Jesús: “Señor, si hubieseis estado aquí mi hermano no estaría muerto” y Jesús respondió…

        - Don Manuel, déle una vuelta por los alrededores de ese par a ver si les pesca las andadas.

        Mientras el caballero se desplazaba entre los feligreses, o más exactamente, a través, el monaguillo quedó absorto en sus propias quimeras.

- Entonces en ese momento Jesús elevó sus ojos al cielo y dijo “Padre…

        ¿Padre? No lo recordaba, quizás ni siquiera su madre era capaz de hacerlo. Un rapaz madrileño que en sus viajes de juerga se entretuvo pintándole pajaritos preñados a las pueblerinas de mirada ingenua hasta que logró revolcarlas en algún pastizal. O quizás un convicto, psicópata, que perseguido en las grandes urbes por sus crímenes variopintos escogiera la carretera a Lugo con la seguridad de hallar un pueblito insignificante, pero una vez allí se encuentra un coqueto centro turístico, con su muralla romana y demás, aparece una moza lozana, fresca, y no pudiendo resistir la tentación de la carne, la viola, la preña y huye a toda velocidad antes de que las autoridades locales lo conecten con sus fechorías mayores. O quizás, después de todo, si fue un buen hombre, de noviazgo con su madre y compromiso de boda en ciernes, que murió en la Guerra, como dice mamá y todas esas historias y recuerdos sí sean ciertos y no meros cuentos para consolar a un hijo mocoso, preguntón e impertinente.

        - Oye Avelino- dijo Don Manuel interrumpiendo las cavilaciones del muchacho, - la que se traen estos dos, que han venido a solventar un negocillo de lo más gordo…
- … gritó a viva voz “Lázaro, ven afuera” y el que era muerto…

        Avelino no podía creer su suerte mientras Don Manuel le informara los planes de las alimañas, ajustes de cuentas, el Moro birlándole una moza a la madame, asuntos de drogas, armas y estafas, un thriller a lo gringo que ni pintado para un pequeño pícaro como Avelino, que no en vano dan a parar a las iglesias… Se escurrió del púlpito durante el salmo. Estaría de regreso justo a tiempo para pasar el canasto de la limosna. Faltaba la última pascua… ¿pascua? la que él se iba a gozar dentro de una vuelta de esquina.

        Antes de girar se recostó de una pared despintada, para calmar la ansiedad y estabilizar la respiración. Se acercó a la boca del callejón con sigilo; ella caminaba de un lado para otro desafiando el equilibrio y la gravedad sobre el par de tacones rojos.
        - Amanda…
        - ¡Uh! ¿Quién mierda…? Ah, eres tú Avelino, mayor susto, chico, ¿cómo me encontraste?
        - Me manda el Moro
        - ¿Qué te ha dicho?- preguntó la mujer con nerviosismo.
        - Ha dicho que cojáis lo necesario para iros al carajo de una buena vez para siempre y que le mandéis el paquete conmigo, que si te vuelve a ver en este puto pueblo carga contigo y adiós la Mandy.
        - ¿Y por qué no ha venido él mismo a encargarse del asunto?
        - Es que le ha cogido la madame en el medio de la misa y como no han llegado a un acuerdo, que me vio y me da el recado.
        - ¡No!
        - Pues sí, tía, como te cuento, por eso me ha mandado (la mentira fluía fresca y líquida por sus labios, tan indetectable que podía confundirse con su saliva ordinaria) y te dice que os larguéis la madre de una vez, que está jodido hasta el cuello, la madame lo ha encabronado con un policía de los que ella se folla, que está sentado en el banco de junto y si no le da la pasta, pues le da reventón y amén.
        - Uy, si hasta me dan escalofríos (se persigna), espera.

        Se tragó la charla, con razón se ganaba la vida a punta de abrir las piernas, si la cabeza no le da para nada, pero, bueno, mérito al mérito, eh, también es que con una coartada tan bien armada no es nada fácil olerse la trampa, ja ja… Amanda sale de su escondite detrás del bote de basura y le entrega a Avelino un sobre amarillo de manila, grande y mal cerrado con cinta adhesiva.
        - Ten cuidado, si lo abres te mata… he anotado cuánto tomé, así que no te quieras pasar de listo…
        - Sí, sí, sí, anda que yo sé quién es el Moro, no faltaba más, dale, móntate en el primer bus sin demoras, que cuando acabe el sermón se va a prender la fiesta.
        - ¡Oye! Gracias, Avelino.
        - Por nada, por nada (literalmente)

        Ha sido como quitarle el dulce a un niño, pero sin llantos si es que todo termina bien, podría decirse que no ha llorado porque las manos le quedaron llenas d melado… Avelino se embolsa el paquete debajo del hábito, acompaña a Amanda hasta la estación y aguarda hasta que arranque el autobús, a Sevilla, creyó leer, pero podría haber sido Castilla o cualquier –illa de las que abundan en el país.

        Entonces vuelve raudo a la iglesia, busca el cepillo, pone su cara más angelical y pasa revista a los bolsillos, carteras y conciencias de los feligreses, frunciendo el ceño ante los amarretas que sueltan una monedita a desgana, sobre todo si los sabe visitantes de otros predios menos sagrados… pero por dentro está que hierve de contento, no le cabe la impaciencia, cuando llegue a casa contará el botín y lo guardará en la loza falsa debajo de la pata de la cama, junto a todos sus otros “tesoros”: Una armónica oxidada, un mechón de pelo de la Lolita del quinto año, las canicas ganadas a sus compañeros, un par de estampitas santas, que no viene mal protección de allá arriba y el prendedor de su madre, que ella cree perdido desde aquella fiesta. Con eso pagará la deuda al casero y si alcanza, al término de las clases, en el Verano, le dirá a su madre que recoja la maleta y se la llevará a Valencia. Le han dicho que por allá hay unas bonitas playas.

septiembre 08, 2010

Carmelo All Star




Carmelo apagó el despertador y siguió durmiendo. De repente creyó que se levantaba, se duchaba con agua bien caliente cantando un aria a lo Pavarotti pero con marcados tonos nasales. Cuando el agua empezó a salir verde y espesa mientras sus pies se enredaban en raíces de mangle comprendió que había comenzado a soñar y abrió los ojos, sudoroso y sobresaltado.
Se puso su guayabera bordada, los pantalones de lino blanco, calcetines vinotinto de nylon y los zapatos de patente blanquinegros. Frente al espejo se engominó el pelo negrísimo (¡Bendita sea la Silueta Swarkopff!), así hace tiempo de que se le seque la mascarilla de pepino, astringente, para que no le queden poros abiertos. ¡Esta noche debe tener el cutis perfecto!
Desprende con cuidado los pellejitos de pepino, se enjuaga, se restriega con “apricot scrub”, se cepilla los dientes, se aclara el rostro con agua fría y se aplica la crema hidratante de alfa hidróxidos, lo mejor contra las arrugas.
Se empolva la nariz con facial chino de arroz, para no andar “cara ‘e pastelito”. Abre el gabinete del espejo y analiza dubitativamente los estuches; extrae el tercero de derecha a izquierda y procede a colocarse los contactos verdes. Una gotita de solución óptica en cada ojo más un “toquecito” en cada fosa nasal, para salir entonado; después de una revisión visual de cuerpo completo frente al espejo grande, Carmelo está listo para conquistar el mundo.
-¿Para conquistarlo? No, niña, será para seguir conquistándolo…
Carmelo se siente en la cima del mundo. El Salón siempre está lleno de pavitas que se secan el pelo, viejas copetonas que necesitan un intensivo de latonería y pintura, mamis que se hacen las manos y los pies,, muchachitos mocosos y pecositos que vienen por su corte paje, hermanas que se depilan o las chamas fashion que vienen a teñirse. Caja llena y corazón contento. Nada que ver con el raquítico e insignificante inmigrante campesino que hace 27 años pateaba los laberintos de la ciudad extraña e inhóspita buscando trabajo de cualquier cosa, porque no sabía hacer ninguna; sepultados quedaron los días de dormir con un ojo abierto en un banco de plaza.
- Cancelado, cancelado, cancelado, todo el pasado cancelado.
Empezar a lavar cabezas y empezar a subir como la espuma fueron una misma cosa. Hoy será la gota que rebase la copa de la felicidad de Carmelo.
- Cuando vas al encuentro de tus sueños sólo el cielo es el límite.
Al llegar a la Planta Baja del edificio toma el taxi que ya lo espera, saluda al chofer y saca una revista de su portafolio, porque siempre debe estar al tanto de las nuevas tendencias. En Londres son más atrevidos, más quema’os. Planea ir allá el año próximo.
Dentro de su cápsula de aire acondicionado Carmelo ve pasar un autobús cuyo vidrio trasero está cubierto por un anuncio con su foto. Lo sigue con la mirada hasta que finalmente lo pierde entre el tráfico. Sonríe satisfecho.
El taxi lo dejó frente al Salón (el que atiende Él mismo, en persona); antes de bajarse se retocó con un papelito empolvado.
Todos lo saludan al entrar, estilistas y clientes por igual, todos alardean de familiaridad pero nadie traspasa a su intimidad de soltero empedernido, romántico incurable y maniaco depresivo.
Cuadró la caja temprano, mandó a Robert a depositar en el Banco Exterior, recolectó algunos implementos dentro de un neceser, hizo varias llamadas telefónicas – unas cortas como telegramas y otras largas como monografías -. En eso volvió Robert con los recibos bancarios, Carmelo revisó todo, dio instrucciones a cada cual, tomó su portafolio, su neceser y esperó afuera que el taxi acostumbrado llegara (¡No es nada fácil esto compaginar sus dotes artísticas con la faceta de incipiente empresario de franquicias estéticas!, y si no me creen traten de administrar un emporio que hasta podría tildarse de filantrópico, ¿o acaso no cumplían sus salones con una labor humanitaria hacia su prójimo?), luego hicieron escala en la lavandería “Satín”, donde Carmelo recogió una pieza en su respectivo gancho y cubierta plástica, sólo que ésta era opaca y no permitía ver el contenido. La acomodó estirada en el asiento trasero, cerrando la puerta con cuidado. Las mariposas en el estómago explotan cuando sube de nuevo al vehículo y continúa el trayecto en el asiento de adelante, junto al chofer.
Nunca lo había visto tan cerca, las piernas bien formadas, la firmeza cuando mueve la palanca de los cambios. Se acalora, al desviar la vista hacia la calle vuelve el mariposeo, que se va convirtiendo más bien como en una centrifugadora. Las manos le sudan un poco, también observa compulsivamente la cara de su reloj “Longines Edición Especial Aniversario”.
Cuando el taxi se detuvo frente al “Club de Baco”, Carmelo necesitó aún unos minutos antes de bajarse con garbo y determinación, como una diva; uno de los muchachos de seguridad lo ayudó con los paquetes hasta el camerino.
- Es que las estrellas no debemos cargar peso- Comenta divertido.
En un impulso de sinceridad y desesperación irreprimibles le dice al taxista:
-¡Hoy es mi debut!
- Suerte- Le responde éste y arranca.
Mientras se enrola al cuello la boa de plumas y disimula un chorrea’o del rímel, Carmelo escucha desde el escenario al tiempo que un temblor de emoción recorre su columna vertebral hasta hacerle temblar las rodillas:
- ¡Y ahora un fuerte aplauso, con ustedes… Carameeeeeeeeeel, la voz más dulce de la fauna nocturna!
(2003)

septiembre 05, 2010

La tarde del domingo



La mujer regresa y su casa está sola. Después de tanta repentina intimidad, después de tanto espacio compartido, después de tanto diálogo, después de tanto… vuelve y encuentra que los fantasmas de todos los días no se han marchado. Lee, se para, camina, se mira en el espejo, pone música, se fuma un cigarrillo, contempla su cuarto, la sala, su mundo, su pequeño universo, se encierra en las paredes que, paradójicamente, la liberan.

Sus voces le hablan y la hacen sentir a salvo; sabe que mientras estén allí es menos vulnerable.

La cara del reloj le recuerda que el monstruo de la rutina puede ser implacable, lo observa a sus ojos de aguja y lo reta, ella no es una esclava del tiempo. Tiene poder para abandonar sus planos, es capaz de suspenderse en la eternidad, entra y sale de la vida y de la muerte, del espacio y la materia.

La mujer se sabe infinita, inabarcable, incomprensible. Recibe invitados que llenan el silencio con rostros, con miradas llenas de alma, con manos llenas de dar. Comparte con ellos el viaje iniciático y luego los despide con la promesa de un reencuentro sin lugar ni fecha.

Es feliz, es feliz con una felicidad inusual y auténtica, ríe con ojos tristes y vuelve a su silla. Adopta posiciones que brinden acomodo y funcionalidad. Respira profundo, cierra los ojos, echa la cabeza hacia atrás y los recuerdos la transportan a todas las instancias de su vida. Cree entonces que todo ha valido la pena, no guarda más arrepentimientos, siempre ha sucedido lo que tenía que suceder.

Sus voces hablan más fuerte, la soledad es no saber estar en paz consigo mismo. Ella está sola, pero ya no siente soledad. Ahora la casa es el centro de poder. La energía se concentra, cada vez más limpia, cada vez más pura, cada vez más energía. Abre los ojos, se levanta, llega hasta la puerta, voltea la cara hacia el cielo nublado; aguarda la salida de la estrella, la lluvia cae suavemente y la refresca. Ha llegado la hora de acostarse a dormir. (1998)


diciembre 11, 2008

La Llama (1999)




I.- Patíbulo

Las piernas me tiemblan mientras subo los peldaños, mi respiración se hace difícil, el bullicio se siente como una suave melodía de arrullo... Tropiezo un escalón y caigo irremediablemente, el hombre sin rostro me levanta molesto, con tosquedad, continúo avanzando resignada pero el corazón late cada vez más fuerte hasta que duele...

Sólo fui fiel a mí misma, la magia existe... el filo de la hoja brilla con reflejos de sol, paradójicamente hoy es un día tan hermoso, en el árbol de la derecha un pájaro azul intenso alimenta a sus pichones; las nubes se convierten en todo género de figuras... Quiero irme de aquí en ese barco de grandes velas extendidas o volar sobre aquel dragón oriental... –¡No, por favor, no me venden los ojos, quiero verlo todo!... detrás de su capucha funesta puedo percibir su sonrisa sádica, no me importa, yo necesito tener los ojos abiertos, descubiertos... él pide lo mismo, pero no entiende, no tiene culpa de nada, él no estaba involucrado, él no conoce los secretos, él no tiene la fuerza... pero no me creyeron y su amor se convirtió en condena, ahora lo colocan junto a mí...

Observo a la multitud histérica, sus rostros se deforman y la música de las esferas desciende lenta y plácidamente hasta mis oídos, supongo que es el destino y acepto el reto, el conocimiento no ha sido alcanzado en balde...

Este momento se hace interminable, mi amado tiembla de terror, ¿cómo le explico que sólo cruzaremos el umbral de la ilusión? Él cree que es el final y en el fondo de su alma me culpa y odia a Dios y a sí mismo y a todos los seres humanos... ¡él no estaba preparado! Yo quise salvarlo pero la piedra filosofal está adentro y él no descubrió la suya...

Lo miro fijamente y atraigo su mirada... está llorando... yo sabía que para él sería terrible... sus ojos café se nublan en un velo de lágrimas y es como si exigiera una respuesta de mí.

- Te amo, le digo. – Te amaré siempre, no tengas miedo.

Y él sigue mirándome a través del llanto, me quedo sin palabras, me gustaría poder acariciarlo... en el último momento parece comprender la expresión de mi rostro y yo recobro el aliento... sé que volveremos a estar juntos... quisiera transmitirle esta certeza... la vida es una serpiente mordiendo su cola... volveremos hasta reconocer a Dios en todo... El verdugo corta la soga... no siento dolor... la luz se abre delante de mí. Lo encontraré, aunque me cueste todas las vidas.


II.- Plegaria

Me acurruco junto a su cuerpo como un gato, aferrándome a mi única esperanza de redención y lo miro con expresión de niña perdida y siento ganas de llorar.

Él me abraza, consolándome, y me besa en el cuello mientras sus dedos juguetean con los rizos de mi cabeza. Yo quisiera poder decirle cuánto lo quiero, cuánto agradezco que permanezca a mi lado sin decir nada, quisiera hacerle entender que me entrego como en una ofrenda ritual. Él se disculpa por hacerme llorar, me dice que me quiere (aunque yo ya lo sé); dijo que a veces se siente como un extraño y yo no entiendo, o no quiero entenderlo, y me siento culpable de dudar, de tener miedo, de ser tan huraña...

Si yo pudiera transmitirle mis sentimientos con un beso... Si él entendiera el lenguaje de mi cuerpo... Si yo encontrara cabida dentro de las pobres palabras...

Lo abrazo fuerte. Quiero borrar sus palabras con este rostro arrepentido. Quiero quedarme en sus labios con el sabor del té. Quiero dormir con la certeza de que lo veré mañana... y estaré salvada.


III.- Pregunta

¿Y tú me preguntas si alguna vez escribo para alguien más que mí misma?, ¿es que acaso puedo en verdad escribir para mí misma?

No, uno siempre escribe para que alguien lea, aunque sea sólo por equivocación; todas mis palabras esperan a alguien, todas mis palabras son por y para alguien, estas mismas palabras que no puedo usar para decirte que te amo, para hacerte creer en mí, para borrar tus dudas con consuelos; estas mismas palabras que son siempre inútiles, imprecisas, insuficientes; estas mismas palabras que no vienen a mi boca sino a mi mano; estas mismas palabras que con su ausencia me están costando tu amor; estas mismas benditas y malditas palabras que me roban la voz y me convierten en poeta y que ya no sé si me hacen feliz o desgraciada; estas mismas palabras que no saben hacer otra cosa que darme vueltas adentro; estas mismas palabras que son siempre distintas; estas mismas palabras que hoy me sirven para extrañarte, para hablarte en el espejo, para aborrecer al Mesías apocalíptico y para soñarte conmigo en la cama; estas mismas palabras que no me salen cuando las busco, que no saben nadar en lo profundo, que no me abarcan. Estas palabras, amado, que hoy son para ti, siempre quieren ser leídas por ojos que no sean míos y ojalá algún día los tuyos tropezaran éstas.


IV.- Pausa

Pasa otra noche y él no aparece, busco excusas para quedarme despierta un poco más, contemplo su retrato (que llevo a todas partes) con el ceño fruncido y esa mueca en la boca, ¡es tan graciosa!, su expresión es de un niñito molesto.

No puedo evitar ponerme triste, no sé por qué no viene, no sé por qué, tengo miedo. En la tarde me subí al techo a llorar y vi a la gente pequeña y simple entrando a la iglesia para misa de las seis, y el cura gordo y calvo con sotana blanca esperaba en la puerta, supervisando su rebaño; después empezaron las canciones de siempre y yo sentía ganas de bajar corriendo y soltar a mi perra en medio de su templo y gritarles que se callaran, que respetaran mi dolor, que no molestaran mi soledad y deliraba por verlos dispersarse, desaparecer, pero no hice nada de eso y me quedé viendo el horizonte sobrecogedor a medida que iba oscureciendo y después alguien me dijo que él no va a volver, que ya no me quiere, que se cansó.

Y yo me pregunto: ¿se cansó de qué?, ¿de ser amado?, ¿de ser feliz?

No lo creo. En todo caso se cansó del vértigo.


V.- Premonición

Camino por el corredor de la planta alta, todo me parece familiar y extraño al mismo tiempo. Veo las grietas de las paredes y sólo entonces me percato de que es una construcción antigua, “colonial”, me digo para mí; la media tapia permite ver el salón principal desde arriba; los muebles son de madera maciza, de líneas simples. Hay muchas jarras con flores, el ambiente es cálido, pienso que me gusta estar aquí, pero aún así me siento perdida, no sé cómo llegué a este lugar.

Escucho voces en el corredor contiguo, me acerco sigilosamente hasta el puente para identificar la procedencia exacta del sonido. Me sorprende un nicho de madera decorado de verde donde reposa la pequeña figura de la madre pía, su imagen me provoca una sobrecogedora emoción de respeto, de veneración... retomo la búsqueda de las voces y encuentro una rendija de luz proveniente de una puerta entrecerrada.

Las voces salen de allí; son masculinas. Una ríe desaforadamente y la otra murmura rezongando y exhalando desesperados y eufóricos gritos de dolor de vez en cuando. Se oyen también pesados pasos que parecen danzar dentro de la habitación.

Me asomo con cuidado, para no ser descubierta, ¡quién tuviera la capa de Sigfrido! La risa era del hombre de barro, que se alimentaba de arena marina y de rayos de sol, los otros ruidos eran del hombre-témpano-de-sal, que giraba sobre sí mismo y efectuaba una grotesca traslación alrededor de la estancia; me compadecí de él; sus pies sangraban por causa de su frenético baile, sus venas palpitaban a punto de explotar... traté de interrumpir su movimiento pero me golpeó con sus garras de hielo; el cálido hombre de barro me ayudó a componerme de la caída y me ofreció un refrescante vaso de agua de mar, mientras tanto, el cansancio venció al hombre témpano-de-sal, que empezaba también a desmoronarse por desgaste.

Yo he regresado al pasillo, tomo el pequeño nicho verde con la imagen sagrada y entro de nuevo en la habitación, con MI pertenencia en las manos para guardarla en un cofre (cuya llave siempre tengo conmigo), que por cierto tampoco sé cómo llegó a parar aquí. Desprendo la llave de mi cuello, abro con delicadeza el arcón, extiendo sobre el piso la manta de estrellas, coloco el pequeño altar encima, lo envuelvo con ella e introduzco todo el paquete dentro de la caja, asegurándola con su cerradura.

Observo alrededor, el hombre de barro se ha marchado; volteo hacia la esquina donde yace el hombre-témpano-de-sal, cuya mirada me recuerda demasiado la de un hombre que amé. –Será esto lo que necesitamos?, le pregunto; él dice con voz cascada: –Será...

VI.- Pérdida

Te busqué en cada ruido de la noche, en cada rostro de la calle, en cada gota de lluvia que caía. Caminé sin rumbo tratando de encontrarte, de encontrarme, de reconciliar mis sueños con el mundo, con este mundo que amé más por ti, con este mundo que ahora volviste aborrecible. No entendí qué pasó. Tú, el héroe de los cuentos, yo, la del mundo de hadas; nosotros, las flamas unidas después de tanto... y entonces este final, esta confusión, este caos.

Entonces otra vez la rutina, los deberes, la comida de los animales, las deudas de la frutería, la cola del cajero automático, el clima contradictorio, el insomnio, entonces otra vez yo sola en mi casa viendo pasar el tiempo, tratando de encontrar una explicación donde no existe, llorando amargamente sobre el techo, soñando un gesto. Y tú permaneces en un espacio irreal, porque tus palabras finales no se corresponden con mis recuerdos y prefiero creer que el verdadero es el otro, el que me acariciaba la espalda y jugaba con mi cabello y tomaba té y escuchaba Bob Marley y deliraba de pasión conmigo encima.

No sé que pretendías entonces ni ahora, no supe nunca el secreto guardado en el baúl, no conocí más que a grandes rasgos tu pasado y sin embargo, fui para ti un libro abierto, una fuente inagotable, un árbol grande y frondoso y fuerte; amé al hombre en el rostro de un niño rodeado por otros niños más pequeños, amé el sueño de una casa con jardín y un lobo siberiano, amé el reflejo del hijo en los ojos de la madre, amé la foto de una pared en ruinas en el centro de Caracas, amé un cactus para entregártelo y me amé más a mí misma para poder amarte como una persona plena, para no trasladarte mis carencias.

Y digo amé no porque haya dejado de hacerlo, sino para acostumbrarme a la idea de que no eres ya parte de mi vida, de que entraste al pasado, de que todo acabó definitivamente, de que tu locura es irremediable.


VII.- Persecución

Huyo del fantasma para salvar lo poco que queda de mí, pero se transforma en una bestia negra de ojos brillantes que me acosan en la oscuridad, de afilados colmillos llenos de sangre amenazante. Me refugio en las cavernas glaciales de cuerpos vacíos y grandes de amantes sin nombre, sin ojos, sin bocas; en cuerpos grandes de amantes que son sólo manos inquietas y ávidas de mí. Las cavernas se derrumban al poco tiempo de permanecer en ellas y me veo obligada a salir a la intemperie donde la bestia negra me aguarda acechante y paciente.

Mientras trato de escapar, la bestia negra me da alcance, me derriba, me desgarra un poco; yo hago intentos desesperados por librarme del dolor, pero el aroma de la bestia es tan dulce... huele a té y azúcar morena, a incienso de La India, a canela y clavo. Poco a poco el cansancio me gana y dejo a la bestia negra alimentarse de mis entrañas, su cuerpo es pesado, me inmoviliza, pero ya no opongo resistencia; me devora lentamente, se lame la boca, roja de sangre. Su pelaje es suave como un recuerdo de infancia, como un beso dado al atardecer, como una ola de mar; acariciarlo hace más soportable esta agonía.

Asimilo la muerte, me entrego, exhalo el suspiro final, abandono este mundo de miserias y felicidades de papel, abandono el reino de los seres crueles, abandono la morada del amor ingrato y me encamino hacia lo que no sé.


VIII.- Never meet or never part

Se despertó con la misma sensación amarga en el estómago y el escalofrío que recorre toda la piel, entonces a buscar otro vaso de agua en la cocina, sin prender las luces para no despertar a nadie, los pasos quedos, sigilosos... y el líquido arde en las entrañas devoradas por el ácido corrosivo de la bilis y después otra vez a la cama, con cuidadito, sacudir la sábana, amoldar la almohada.

Listo, arroparse, los pies, sino los zancudos... un suspiro, entorna los ojos, “a volar, a volar” piensa, pero los perros no dejan de rasgar la oscuridad con sus quejidos, con esos quejidos que se parecen tanto a sus ojos llenos de lágrimas, estos quejidos que me desvelan como el recuerdo de su piel tersa y el cabello desordenado cayéndole en la nuca, implorando con todo su cuerpo que me quede un poco más... y él que no podía, que tenía que llegar temprano, que los asuntos del día siguiente o la academia, o un problema del auto... o entonces esa locura inexplicable y salir corriendo para salvarse, ¿salvarse de qué? –de cualquier cosa, pero salvarse... porque el peligro se esconde donde menos esperas... –Y yo no entiendo tu paranoia, eso se llama miedo a ser feliz... Pero no era así, era miedo al lado oscuro de la luna, al lado oscuro del propio rostro, a ése que sólo se revela en las sombras de la habitación, en el amargo del estómago, en los complejos subconscientes. No podías darte cuenta porque para ti todo era luminoso y simple y a mí me daba rabia que sonrieras aunque las cosas salieran mal y sospeché de tu bondad, de tu fe en el universo y en ese mundo de preciosas mentiras infantiles en que vives. –Existen, me dijiste, pero no me enseñaste a creer y después ese dulce placer de venganza cuando derramaste la primera lágrima por mí, esa lágrima amarga como las paredes de mi estómago que se hacen eco de mis remordimientos de conciencia. Él quería aprender la alegría, pero se desesperó en el intento –Desesperación, sí, pesadilla, sí, “never meet or never part”, pero en el dolor la vida... Mejor conocerse, “or never part”, pero se rompió el círculo... Quizás el espiral, en el universo nada se destruye, y los perros aúllan hasta el amanecer... y de aquel rostro no se borró la sonrisa, el recuerdo la conservó intacta... y el ardor en la garganta... “or never meet”.




julio 09, 2008

Armando


Armando Montesinos trabajaba en un taller, es mecánico auxiliar, es decir, aquél que no recibe ni un cumplido ni un gracias por lo que hace, casi tampoco un pago, pero ése es un cuento mucho más largo. Pasa la mayor parte del tiempo armando las piezas de motores y engranajes que el mecánico encargado es incapaz de reparar y volver a montar. Entre motor y motor él prende su propio tubo de escape, potencia turbo, lo arma caleta y después, antes de que explote el capó, a pisar chola, probando el entuerto de las tuercas con un recorrido panorámico, algo podría decirse “MILagroso”. Se ríe de su propio chiste.

Su pana El Montañés le vende los libros bien resueltos. Libros de 20, 30, 50 y 70, encuadernación pura pasta, remates de Monte Ávila Editores. Calidad. Puros autores colombianos. Descuento o ñapa pa’ los panas. Armando le compra cantidad. Es un lector apasionado, febril.

Armando arma el primero bien temprano mientras cocina el desayuno, se facha con calma, el trabajo no empezará antes de que él llegue, es importante irse bien apertrechado. Dos huevos con tocineta y un par de arepas recalentadas aguantan bien hasta la hora del almuerzo. Armando se arma una historia en el camino que justifique la tardanza. Esos malditos negreros no entienden la importancia de un buen desayuno en el rendimiento de los obreros como él, un mecánico ordinario, hediondo como todos los asalariados, miserables, explotados, que no pueden ni gozarse un buen desayuno y la vara MATUTINA SIN ARMARSE UNA MENTE, mientras ellos se levantan de sus camas estiradas y ya tienen cuatro jala bolas lavándolos, vistiéndolos, atapuzándoles la comida y sacándoles los gasecitos al final.

Los dueños del taller nunca se ensucian las manos de grasa. Siempre tienen un pariente con hambre que dirija a los demás tarados. Así nos llama, lo he escuchado cuando regaña a Luciano mientras me estoy fumando el gran bate por detrás del aire acondicionado de la oficina y cree que no lo escucha nadie. Tarado voy a quedar después de éste… ¡ARMANDO!... Armando la facha, armando la rosca, armando la tuerca, armando la palanca, armando el gato, armando la movida, Armando dónde estás metido, armándose una, armando la mente, armando la excusa, armando una pieza, armando una cosa, armándose otra… ¡Armando: ESTÁS DESPEDIDO!
Armando pasa por el Almacén Doña Pepita y se compra tres libritos de hojas de arroz antes de ir a casa; también hace escala en la panadería -¡ARMANDO EL MONCHIS!- y se compra un par de cachitos de jamón, una malta, medio litro de leche y un paquete de galletas Oreo.

- Que se armen ellos mismos su vaina, porque lo que es éste servidor lo que va armar es senda vara.

julio 05, 2008

Trinidad y Otros Vagos






Trinidad se arrellanó en el sofá, se desabotonó la camisa y prendió el ventilador. El calor del trópico es bochornoso, inmoral. Repicó el teléfono. Tita lo dejó sonar hasta que no aguantó más y estiró el brazo.


Sólo sostuvo el auricular junto a su oreja, sin pronunciar ni una palabra. Del otro lado tampoco habló nadie, apenas se percibía el susurro de una regular respiración queda y la tenue percusión de un latido cardiaco. Permaneció así durante diez minutos.


Después trancó y volvió a desparramarse en el mueble con una sonrisa; buscó el control del televisor y empezó a saltar de un canal a otro, deslizándose por olas de blablablá, bombardeos publicitarios, tiroteos reales y ficticios, sexo explícito violencia, documentales y un largo etcétera, hasta aterrizar en un inquietante animé japonés subtitulado.

- Se va a quedar echada ahí.
- Un rato más, a lo mejor llega alguien o se masturba, quien sabe…
- ¡Déjame ver para otro lado!
- Ya va, si en cinco minutos no se mueve lo cambias.
- Bueno, ya estoy contando…

Tita no se mueve, alcanzó a quitarse los zapatos y las medias, a desabrocharse el pantalón. Otra chica marioneta j.

- Cinco minutos. Mi turno.

La mira del telescopio, amplificador de fetiches, cercanía morbosa, se dirige a la ventana del tercer piso. Luz apagada, ¡qué lástima! Recorre la calle, hay un indigente revisando las basuras, lo acompaña un perro flaco que olisquea todo lo que él toca; es asqueroso, no deberían permitirlo, un verdadero peligro, completamente antiestético y antihigiénico. Al fin algo interesante, el vecino gay va a dar una fiesta, ordenó la mesa para un banquete, esto va a estar “buenésimo”, pendiente para más tarde, faltan algunas horas para la verdadera acción.

- Ven, en el sexto piso, tremenda paliza, rápido…
- Uhh! Esa mujer no aprende…
- Déjame ver.
- Hay para rato, deja el atore.
- Déjame ver…
- Deberíamos instalar otro. Así podríamos ver al mismo tiempo.
- ¡Ay, Santísima! La va a matar.
- ¿Llamamos a la policía?
- Ni se te ocurra, en la tele no hay nada que valga la pena…

Abajo, en la acera, Sherman mata el hambre con lo que encuentra y le da las sobras a Toby, el perro, y Chepe, el gato, sus fieles acompañantes de juerga y jerga.

- Ya se pusieron a tirar…
- ¿Los del sexto?
- ¿Quién más?
- ¿Tita?
- Tu consentida no se ha movido.
-Ah…

Trinidad no se ha movido; Tita no se va a mover más. La sangre dejó de bombear hace más de dos horas. La encontrarán mañana, cuando lleguen de viaje.
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