Mostrando las entradas con la etiqueta el archipiélago. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta el archipiélago. Mostrar todas las entradas

abril 08, 2014

Propósito o Gaceta Extraoficial



Considerando que…
Cuando, ya egresada de la universidad con título registrado en el Ministerio y el Registro Principal correspondientes, habiendo cursado durante y luego estudios de repostería, habiendo matado tigres tan diversos como bartender de un bello bar de moda en Bello Monte, niñera free lance, animadora de fiestas, guía de campamentos vacacionales, paseadora de perros, panadera, docente de bachillerato, ayudante de Galería, productora de eventos-entre otros- y convertida en madre…

Decidí un día formalizar mi vocación artística y emprender estudios académicos de arte.
En esa época vivía en una isla, en un sector mal conocido como El Robledal, la escuela de Arte quedaba (y quizás todavía) en Asunción. En esa época estaba fiebrúa con el pedaleo así que agarre mi bici y me lancé por la ruta de Matasiete, súper contenta. Era junio.

En la escuela pregunté por las clases, seguían el calendario escolar, arrancaban los nuevos cursos en setiembre. Talla en madera, escultura, pintura y gres. Talla y escultura… martes y jueves, de dos a seis… perfecto… fotocopia de la cédula, claro, matrícula? Nada es pública ahhh qué bueno y los materiales? Las herramientas están aquí, lo demás se va consiguiendo por aquí y por allá, un poco la escuela, un poco los artistas… ahhh sí? ummhummmm firme aquí, llene esta planilla, el 15, sí claro, bienvenida, gracias chao… y pedalear con la sensación de triunfo y libertad más puros que había sentido alguna vez desde mi infancia…
Sólo para estrellarme… pero al día siguiente, cuando la abuela de mi hijo me manda a botar de la casa en que vivía y me anuncia la noticia justamente con MI MAMÁ… o sea… SU abogada… Shock...

No recuerdo muy bien cómo sucedieron las cosas después, sólo diré que ésa fue la época del salto, de la renuncia… de volver a volar y caer repetidamente… y si digo “no recuerdo” en realidad significa que no quiero pensar en ello, porque recordar, es decir, tener accesible en la memoria, sí, pero engavetado, bajo llave, clausurado… entonces, en realidad realidad, significa que no quiero hablar –o escribir- sobre eso, sobre los detalles de que te quiten el piso, sobre sentirte traicionada por quienes confías, sobre diluir los lazos de sangre y desarraigarte… Así que también fue la época del riesgo, porque en realidad no tenía nada que perder... y quien no tiene nada qué perder lo tiene todo por ganar!

El hecho es que mis planes de academizar mi arte se esfumaron, o acaso, los esfumaron, pero artista más se nace que se hace, así que seguí, por mi cuenta y aquí estoy, una década después, en otro exilio, más fresco en lo climático y más cálido en lo humano… todavía no me siento satisfecha, aunque en el camino he ganado mucho... sigo creando, sigo creyendo, buscando un propósito que me mantenga, acaso el propósito es la búsqueda en sí misma.

"Dicotomía" (2006)




mayo 21, 2013

En el Archipiélago-Mensaje en una botella

Arte de Harkalya: El Archipiélago de las Probabilidades, Feb. 2013

Adondefuiaparar:


¿Por qué me deseas? Yo no soy ninguna bomba sexy, una bomba sí, a punto de estallar, con el reloj en permanente conteo regresivo... yo sé que el tiempo pronto se va a acabar, pero no nuestro pronto, sino el pronto de los grandes, muy distinto y aún más relativo si se quiere…
¿Por qué me deseas? ¿Qué crees que encontrarás bajo el disfraz de trapo? ¿Acaso imaginas o siquiera sospechas que mi pierna esté llena de las ronchas que me salen por tanto rascarme las picadas de las malditas plagas que como tú anhelan trepar por mí y atravesar mi piel? ¿Acaso tú también estás desesperado por beber mi sangre?  ¿Por qué te crees con derecho a trasgredir los linderos de alguien más sólo porque entre las piernas tiene un hueco y no un palo, como tú? ¿Por qué tengo que aceptar la disculpa de tu lascivia y seguir siendo la buena joven señora que sonríe amablemente y ofrece café? ¿Quieres saber algo? No, yo no soy buena, en el fondo de lo que reprimo está esta asesina masiva, soy una máquina de matar, turbulenta, brutal, viene en mi sangre, linajes feroces destilados en úteros viperinos, no “amigo” (sabes que eso de AMIGO es sólo un eufemismo, para recordarte que no soy queso, que soy –en todo caso- mesa, que soy cuchillo, que soy trampa) no hombre, buena no, qué va, es sólo que no he prendido del todo esos motores –apenas un ronroneo de calentamiento que me deja saber que están ahí mismito a pedir de suiche-, es sólo que decidí no ejercer esa maldad, es sólo que me parece que el peor castigo es dejarles seguir llevando sus miserables vidas, conservar sus carencias, que no vale la pena ensuciarme con su inmundicia, que no. Punto.

enero 10, 2013

Cantinflada Existencial

¿Pienso? Luego... Existo (Puntuación libre de la sentencia cartesiana...)


Mi hijo me pregunta, no una, sino muchas veces, cosas que empiezan con el enunciado "Mami, ¿es normal que...? tal cosa, esto y aquello, lo otro y coroto... pueden completar la frase con lo que se les ocurra... a mí en todos los casos me deja muda, no sé, qué es lo normal...

No sé si a todos les pase, pero a mí, particularmente, me pasa que me parecen rarísimas las cosas que me pasan, y uds. lectores, me pasan la redundancia, por favor... Me podría pasar la vida entera escribiendo sin parar el catálogo de anécdotas raras y personajes extravagantes que han desfilado por mi existencia...

Y entonces trato de entender, de explicar, de encontrar causas y efectos, un por qué...

¿Quizás sea eso? que me paso buscando hilvanar las circunstancias, entender los por qué, cuando en realidad la mayoría de las cosas - y las personas- responde simplemente a la arbitrariedad, o la inercia del caso... random style... tanto que muchas veces se llega incluso al más puro absurdo... envidia para el señor Ionesco... esperaremos por siempre a mi amigo Godot...

Ahí está el detalle...



"Máscaras", Carboncillo sobre Cartulina, 1998

septiembre 12, 2010

El Sermón


        Avelino del Sol se secó los mocos con la parte inferior del hábito, pero el padre no se dio cuenta porque estaba ocupado escanciando el vino, es decir, empinando el codo, para los que desconocen los usos y abusos de la Santa Iglesia. Avelino también escancia de vez en cuando, cuando nadie lo ve.

        Tomó unas brasas de mirra y las metió en el incensario, además tomó un puñado de hostias del paquete sin consagrar. Después del servicio irá junto a la laguna y se las comerá untadas con la jalea de higos que lleva en el otro bolsillo de sus pantalones bermudas.

        En la nave principal empezaron a sonar los bramidos del órgano, estertores resonantes que llenan la capilla con sus ecos.
        - ¡Maldita sea la madre del aparato endemoniado!
        - Hola, hace días que no te veía.
        - Jo’ es más de lo que muchos pueden decir… ¿cómo has estado chavalillo?
        - Por aquí y por allá, bien, supongo.
        - Al menos estáis vivo, que es bastante.
        - A ti no te va tan mal…
        - Bueno hijo, eso es otro cantar.
        - Nos vemos al rato, ¿vale?
        - Vale.

        Diciendo esto el ilustre Don Manuel Galende Martínez de la Hidalga se desvaneció a través de una columna y no levantó ni el polvo; costumbre que había adquirido luego de fallecer en un santo campo de batalla, allá por el año de 1.066.

        Ha empezado a llegar gente, los fanáticos siempre llegan temprano, para ocupar los primeros bancos (¡cómo si alguien les fuera a quitar el puesto!). El otro monaguillo, Rodrigo, se dilata en el campanario más de lo necesario y repica las campanas más de lo necesario también. Avelino sabe que lo hace para poder fumarse un cigarrillo, entre tan y tan le da una calada, cuando lo termine va a bajar y querrá ayudarlo enseguida con el incensario, pero sólo porque así queda ahumado de sahumerio y nadie le nota el olor a tabaco.

- Bienvenidos al Templo de la Caridad de Dios, amados hijos, hoy nos encontramos reunidos en la gracia de nuestro Señor Jesucristo para celebrar…

        La voz del Padre Gonzalo se va distorsionando en los pensamientos del acólito recostado holgazanamente de una columna próxima a la entrada. Desde la penumbra vio a todos los feligreses, los habituales, los esporádicos… y también los inapropiados.

        Entre los ocupantes de la penúltima banqueta Avelino distingue a la señora Ana Carballal, respetable matrona de las juergas nocturnas, para quien Avelino hace de mandadero por las tardes, cuando sale de la escuela. Todos le dicen Madame Annette, porque ella se las da de franchute y habla con  acento fingido delante de los visitantes, pero cuando el negocio tiene las puertas cerradas, maldice y putea cuanto se le atraviesa con más salero que cualquier zarzuela.

        - Hey Avelino, qué fauna variopinta se ha reunido hoy por aquí, eh
        - Sí Don Manuel, parece que con Lázaro resucitaron unos cuantos muertos…
        - Oye, majo, sin ofensas…
        - No, si no lo digo por usted sino por la urraca.
        - Ajá, pues para que cotilles completo, te cuento que la pajarraco no ha venido sola ni a rezar precisamente…
        - Sí, sería raro en ella, pero ¿y a qué?
        - Saber, lo que se dice saber, no sé, pero la he visto cruzando señas con el mentado Moro Fernández…
        - ¿El Moro? ¿está aquí?

        El Moro Fernández era un tipo siniestro, taciturno, sus amigos lo llamaban “el Negro Isidoro”, pero esa confianza estaba casi por completo reservada a las golfas que tomaba bajo su protección. Cuando se emborrachaba en exceso, lo cual no era poco frecuente, salía a patear perros callejeros, buscaba bronca a los transeúntes, recogía su renta en cada esquina y después a dormir la mona. Avelino pensó que la última vez que este tipo había entrado en una iglesia sería el día de su bautizo, si acaso.

- Entonces Marta replicó a Jesús: “Señor, si hubieseis estado aquí mi hermano no estaría muerto” y Jesús respondió…

        - Don Manuel, déle una vuelta por los alrededores de ese par a ver si les pesca las andadas.

        Mientras el caballero se desplazaba entre los feligreses, o más exactamente, a través, el monaguillo quedó absorto en sus propias quimeras.

- Entonces en ese momento Jesús elevó sus ojos al cielo y dijo “Padre…

        ¿Padre? No lo recordaba, quizás ni siquiera su madre era capaz de hacerlo. Un rapaz madrileño que en sus viajes de juerga se entretuvo pintándole pajaritos preñados a las pueblerinas de mirada ingenua hasta que logró revolcarlas en algún pastizal. O quizás un convicto, psicópata, que perseguido en las grandes urbes por sus crímenes variopintos escogiera la carretera a Lugo con la seguridad de hallar un pueblito insignificante, pero una vez allí se encuentra un coqueto centro turístico, con su muralla romana y demás, aparece una moza lozana, fresca, y no pudiendo resistir la tentación de la carne, la viola, la preña y huye a toda velocidad antes de que las autoridades locales lo conecten con sus fechorías mayores. O quizás, después de todo, si fue un buen hombre, de noviazgo con su madre y compromiso de boda en ciernes, que murió en la Guerra, como dice mamá y todas esas historias y recuerdos sí sean ciertos y no meros cuentos para consolar a un hijo mocoso, preguntón e impertinente.

        - Oye Avelino- dijo Don Manuel interrumpiendo las cavilaciones del muchacho, - la que se traen estos dos, que han venido a solventar un negocillo de lo más gordo…
- … gritó a viva voz “Lázaro, ven afuera” y el que era muerto…

        Avelino no podía creer su suerte mientras Don Manuel le informara los planes de las alimañas, ajustes de cuentas, el Moro birlándole una moza a la madame, asuntos de drogas, armas y estafas, un thriller a lo gringo que ni pintado para un pequeño pícaro como Avelino, que no en vano dan a parar a las iglesias… Se escurrió del púlpito durante el salmo. Estaría de regreso justo a tiempo para pasar el canasto de la limosna. Faltaba la última pascua… ¿pascua? la que él se iba a gozar dentro de una vuelta de esquina.

        Antes de girar se recostó de una pared despintada, para calmar la ansiedad y estabilizar la respiración. Se acercó a la boca del callejón con sigilo; ella caminaba de un lado para otro desafiando el equilibrio y la gravedad sobre el par de tacones rojos.
        - Amanda…
        - ¡Uh! ¿Quién mierda…? Ah, eres tú Avelino, mayor susto, chico, ¿cómo me encontraste?
        - Me manda el Moro
        - ¿Qué te ha dicho?- preguntó la mujer con nerviosismo.
        - Ha dicho que cojáis lo necesario para iros al carajo de una buena vez para siempre y que le mandéis el paquete conmigo, que si te vuelve a ver en este puto pueblo carga contigo y adiós la Mandy.
        - ¿Y por qué no ha venido él mismo a encargarse del asunto?
        - Es que le ha cogido la madame en el medio de la misa y como no han llegado a un acuerdo, que me vio y me da el recado.
        - ¡No!
        - Pues sí, tía, como te cuento, por eso me ha mandado (la mentira fluía fresca y líquida por sus labios, tan indetectable que podía confundirse con su saliva ordinaria) y te dice que os larguéis la madre de una vez, que está jodido hasta el cuello, la madame lo ha encabronado con un policía de los que ella se folla, que está sentado en el banco de junto y si no le da la pasta, pues le da reventón y amén.
        - Uy, si hasta me dan escalofríos (se persigna), espera.

        Se tragó la charla, con razón se ganaba la vida a punta de abrir las piernas, si la cabeza no le da para nada, pero, bueno, mérito al mérito, eh, también es que con una coartada tan bien armada no es nada fácil olerse la trampa, ja ja… Amanda sale de su escondite detrás del bote de basura y le entrega a Avelino un sobre amarillo de manila, grande y mal cerrado con cinta adhesiva.
        - Ten cuidado, si lo abres te mata… he anotado cuánto tomé, así que no te quieras pasar de listo…
        - Sí, sí, sí, anda que yo sé quién es el Moro, no faltaba más, dale, móntate en el primer bus sin demoras, que cuando acabe el sermón se va a prender la fiesta.
        - ¡Oye! Gracias, Avelino.
        - Por nada, por nada (literalmente)

        Ha sido como quitarle el dulce a un niño, pero sin llantos si es que todo termina bien, podría decirse que no ha llorado porque las manos le quedaron llenas d melado… Avelino se embolsa el paquete debajo del hábito, acompaña a Amanda hasta la estación y aguarda hasta que arranque el autobús, a Sevilla, creyó leer, pero podría haber sido Castilla o cualquier –illa de las que abundan en el país.

        Entonces vuelve raudo a la iglesia, busca el cepillo, pone su cara más angelical y pasa revista a los bolsillos, carteras y conciencias de los feligreses, frunciendo el ceño ante los amarretas que sueltan una monedita a desgana, sobre todo si los sabe visitantes de otros predios menos sagrados… pero por dentro está que hierve de contento, no le cabe la impaciencia, cuando llegue a casa contará el botín y lo guardará en la loza falsa debajo de la pata de la cama, junto a todos sus otros “tesoros”: Una armónica oxidada, un mechón de pelo de la Lolita del quinto año, las canicas ganadas a sus compañeros, un par de estampitas santas, que no viene mal protección de allá arriba y el prendedor de su madre, que ella cree perdido desde aquella fiesta. Con eso pagará la deuda al casero y si alcanza, al término de las clases, en el Verano, le dirá a su madre que recoja la maleta y se la llevará a Valencia. Le han dicho que por allá hay unas bonitas playas.

septiembre 03, 2010

Aclaratoria

Para quienes buscan al hada perdida en el mundo de los cronopios:

Las crónicas de CRONOPIORIO fusionadas con el AGUJERO CON VISTA A LAS ALCANTARILLAS se han transformado en las CRÓNICAS DEL ARRECIFE AZUL (una cadena montañosa en constante formación, con ambiciones de ecosistema, que se multiplica en las profundidades subconscientes y oníricas, territorios inciertos de aterradora belleza y monólogos existenciales), pues ya el hada oprimida en el mundo de los cronopios ha recuperado su libertad y vuela feliz por los bosques azules, sin embargo, un ser mutable e informe ha quedado en su lugar: un organismo vivo, en constante crecimiento, no exactamente vegetal pero echando raíces y frutos, ni animal aunque sus reacciones sean viscerales, no totalmente humano porque no se asume en ese género nefasto aunque es el que le toca para desenvolverse, sí muy mitológico, con tintes de bestiario, de fábula, de verbo primigenio y sublime en términos kantianos. Un ser que soy yo en la búsqueda de ser, la ficción que me invento para vivir la cotidianidad agobiante, el intento de convertirme en la que sueño y sueña, el espejo donde se graban los rostros que encuentro, con sus luces y sombras, el vacío a través del que fluye la magia; en fin, una conciencia de mí misma que no alcanzo a comprender y por lo tanto, necesito compartir.



diciembre 11, 2008

La Llama (1999)




I.- Patíbulo

Las piernas me tiemblan mientras subo los peldaños, mi respiración se hace difícil, el bullicio se siente como una suave melodía de arrullo... Tropiezo un escalón y caigo irremediablemente, el hombre sin rostro me levanta molesto, con tosquedad, continúo avanzando resignada pero el corazón late cada vez más fuerte hasta que duele...

Sólo fui fiel a mí misma, la magia existe... el filo de la hoja brilla con reflejos de sol, paradójicamente hoy es un día tan hermoso, en el árbol de la derecha un pájaro azul intenso alimenta a sus pichones; las nubes se convierten en todo género de figuras... Quiero irme de aquí en ese barco de grandes velas extendidas o volar sobre aquel dragón oriental... –¡No, por favor, no me venden los ojos, quiero verlo todo!... detrás de su capucha funesta puedo percibir su sonrisa sádica, no me importa, yo necesito tener los ojos abiertos, descubiertos... él pide lo mismo, pero no entiende, no tiene culpa de nada, él no estaba involucrado, él no conoce los secretos, él no tiene la fuerza... pero no me creyeron y su amor se convirtió en condena, ahora lo colocan junto a mí...

Observo a la multitud histérica, sus rostros se deforman y la música de las esferas desciende lenta y plácidamente hasta mis oídos, supongo que es el destino y acepto el reto, el conocimiento no ha sido alcanzado en balde...

Este momento se hace interminable, mi amado tiembla de terror, ¿cómo le explico que sólo cruzaremos el umbral de la ilusión? Él cree que es el final y en el fondo de su alma me culpa y odia a Dios y a sí mismo y a todos los seres humanos... ¡él no estaba preparado! Yo quise salvarlo pero la piedra filosofal está adentro y él no descubrió la suya...

Lo miro fijamente y atraigo su mirada... está llorando... yo sabía que para él sería terrible... sus ojos café se nublan en un velo de lágrimas y es como si exigiera una respuesta de mí.

- Te amo, le digo. – Te amaré siempre, no tengas miedo.

Y él sigue mirándome a través del llanto, me quedo sin palabras, me gustaría poder acariciarlo... en el último momento parece comprender la expresión de mi rostro y yo recobro el aliento... sé que volveremos a estar juntos... quisiera transmitirle esta certeza... la vida es una serpiente mordiendo su cola... volveremos hasta reconocer a Dios en todo... El verdugo corta la soga... no siento dolor... la luz se abre delante de mí. Lo encontraré, aunque me cueste todas las vidas.


II.- Plegaria

Me acurruco junto a su cuerpo como un gato, aferrándome a mi única esperanza de redención y lo miro con expresión de niña perdida y siento ganas de llorar.

Él me abraza, consolándome, y me besa en el cuello mientras sus dedos juguetean con los rizos de mi cabeza. Yo quisiera poder decirle cuánto lo quiero, cuánto agradezco que permanezca a mi lado sin decir nada, quisiera hacerle entender que me entrego como en una ofrenda ritual. Él se disculpa por hacerme llorar, me dice que me quiere (aunque yo ya lo sé); dijo que a veces se siente como un extraño y yo no entiendo, o no quiero entenderlo, y me siento culpable de dudar, de tener miedo, de ser tan huraña...

Si yo pudiera transmitirle mis sentimientos con un beso... Si él entendiera el lenguaje de mi cuerpo... Si yo encontrara cabida dentro de las pobres palabras...

Lo abrazo fuerte. Quiero borrar sus palabras con este rostro arrepentido. Quiero quedarme en sus labios con el sabor del té. Quiero dormir con la certeza de que lo veré mañana... y estaré salvada.


III.- Pregunta

¿Y tú me preguntas si alguna vez escribo para alguien más que mí misma?, ¿es que acaso puedo en verdad escribir para mí misma?

No, uno siempre escribe para que alguien lea, aunque sea sólo por equivocación; todas mis palabras esperan a alguien, todas mis palabras son por y para alguien, estas mismas palabras que no puedo usar para decirte que te amo, para hacerte creer en mí, para borrar tus dudas con consuelos; estas mismas palabras que son siempre inútiles, imprecisas, insuficientes; estas mismas palabras que no vienen a mi boca sino a mi mano; estas mismas palabras que con su ausencia me están costando tu amor; estas mismas benditas y malditas palabras que me roban la voz y me convierten en poeta y que ya no sé si me hacen feliz o desgraciada; estas mismas palabras que no saben hacer otra cosa que darme vueltas adentro; estas mismas palabras que son siempre distintas; estas mismas palabras que hoy me sirven para extrañarte, para hablarte en el espejo, para aborrecer al Mesías apocalíptico y para soñarte conmigo en la cama; estas mismas palabras que no me salen cuando las busco, que no saben nadar en lo profundo, que no me abarcan. Estas palabras, amado, que hoy son para ti, siempre quieren ser leídas por ojos que no sean míos y ojalá algún día los tuyos tropezaran éstas.


IV.- Pausa

Pasa otra noche y él no aparece, busco excusas para quedarme despierta un poco más, contemplo su retrato (que llevo a todas partes) con el ceño fruncido y esa mueca en la boca, ¡es tan graciosa!, su expresión es de un niñito molesto.

No puedo evitar ponerme triste, no sé por qué no viene, no sé por qué, tengo miedo. En la tarde me subí al techo a llorar y vi a la gente pequeña y simple entrando a la iglesia para misa de las seis, y el cura gordo y calvo con sotana blanca esperaba en la puerta, supervisando su rebaño; después empezaron las canciones de siempre y yo sentía ganas de bajar corriendo y soltar a mi perra en medio de su templo y gritarles que se callaran, que respetaran mi dolor, que no molestaran mi soledad y deliraba por verlos dispersarse, desaparecer, pero no hice nada de eso y me quedé viendo el horizonte sobrecogedor a medida que iba oscureciendo y después alguien me dijo que él no va a volver, que ya no me quiere, que se cansó.

Y yo me pregunto: ¿se cansó de qué?, ¿de ser amado?, ¿de ser feliz?

No lo creo. En todo caso se cansó del vértigo.


V.- Premonición

Camino por el corredor de la planta alta, todo me parece familiar y extraño al mismo tiempo. Veo las grietas de las paredes y sólo entonces me percato de que es una construcción antigua, “colonial”, me digo para mí; la media tapia permite ver el salón principal desde arriba; los muebles son de madera maciza, de líneas simples. Hay muchas jarras con flores, el ambiente es cálido, pienso que me gusta estar aquí, pero aún así me siento perdida, no sé cómo llegué a este lugar.

Escucho voces en el corredor contiguo, me acerco sigilosamente hasta el puente para identificar la procedencia exacta del sonido. Me sorprende un nicho de madera decorado de verde donde reposa la pequeña figura de la madre pía, su imagen me provoca una sobrecogedora emoción de respeto, de veneración... retomo la búsqueda de las voces y encuentro una rendija de luz proveniente de una puerta entrecerrada.

Las voces salen de allí; son masculinas. Una ríe desaforadamente y la otra murmura rezongando y exhalando desesperados y eufóricos gritos de dolor de vez en cuando. Se oyen también pesados pasos que parecen danzar dentro de la habitación.

Me asomo con cuidado, para no ser descubierta, ¡quién tuviera la capa de Sigfrido! La risa era del hombre de barro, que se alimentaba de arena marina y de rayos de sol, los otros ruidos eran del hombre-témpano-de-sal, que giraba sobre sí mismo y efectuaba una grotesca traslación alrededor de la estancia; me compadecí de él; sus pies sangraban por causa de su frenético baile, sus venas palpitaban a punto de explotar... traté de interrumpir su movimiento pero me golpeó con sus garras de hielo; el cálido hombre de barro me ayudó a componerme de la caída y me ofreció un refrescante vaso de agua de mar, mientras tanto, el cansancio venció al hombre témpano-de-sal, que empezaba también a desmoronarse por desgaste.

Yo he regresado al pasillo, tomo el pequeño nicho verde con la imagen sagrada y entro de nuevo en la habitación, con MI pertenencia en las manos para guardarla en un cofre (cuya llave siempre tengo conmigo), que por cierto tampoco sé cómo llegó a parar aquí. Desprendo la llave de mi cuello, abro con delicadeza el arcón, extiendo sobre el piso la manta de estrellas, coloco el pequeño altar encima, lo envuelvo con ella e introduzco todo el paquete dentro de la caja, asegurándola con su cerradura.

Observo alrededor, el hombre de barro se ha marchado; volteo hacia la esquina donde yace el hombre-témpano-de-sal, cuya mirada me recuerda demasiado la de un hombre que amé. –Será esto lo que necesitamos?, le pregunto; él dice con voz cascada: –Será...

VI.- Pérdida

Te busqué en cada ruido de la noche, en cada rostro de la calle, en cada gota de lluvia que caía. Caminé sin rumbo tratando de encontrarte, de encontrarme, de reconciliar mis sueños con el mundo, con este mundo que amé más por ti, con este mundo que ahora volviste aborrecible. No entendí qué pasó. Tú, el héroe de los cuentos, yo, la del mundo de hadas; nosotros, las flamas unidas después de tanto... y entonces este final, esta confusión, este caos.

Entonces otra vez la rutina, los deberes, la comida de los animales, las deudas de la frutería, la cola del cajero automático, el clima contradictorio, el insomnio, entonces otra vez yo sola en mi casa viendo pasar el tiempo, tratando de encontrar una explicación donde no existe, llorando amargamente sobre el techo, soñando un gesto. Y tú permaneces en un espacio irreal, porque tus palabras finales no se corresponden con mis recuerdos y prefiero creer que el verdadero es el otro, el que me acariciaba la espalda y jugaba con mi cabello y tomaba té y escuchaba Bob Marley y deliraba de pasión conmigo encima.

No sé que pretendías entonces ni ahora, no supe nunca el secreto guardado en el baúl, no conocí más que a grandes rasgos tu pasado y sin embargo, fui para ti un libro abierto, una fuente inagotable, un árbol grande y frondoso y fuerte; amé al hombre en el rostro de un niño rodeado por otros niños más pequeños, amé el sueño de una casa con jardín y un lobo siberiano, amé el reflejo del hijo en los ojos de la madre, amé la foto de una pared en ruinas en el centro de Caracas, amé un cactus para entregártelo y me amé más a mí misma para poder amarte como una persona plena, para no trasladarte mis carencias.

Y digo amé no porque haya dejado de hacerlo, sino para acostumbrarme a la idea de que no eres ya parte de mi vida, de que entraste al pasado, de que todo acabó definitivamente, de que tu locura es irremediable.


VII.- Persecución

Huyo del fantasma para salvar lo poco que queda de mí, pero se transforma en una bestia negra de ojos brillantes que me acosan en la oscuridad, de afilados colmillos llenos de sangre amenazante. Me refugio en las cavernas glaciales de cuerpos vacíos y grandes de amantes sin nombre, sin ojos, sin bocas; en cuerpos grandes de amantes que son sólo manos inquietas y ávidas de mí. Las cavernas se derrumban al poco tiempo de permanecer en ellas y me veo obligada a salir a la intemperie donde la bestia negra me aguarda acechante y paciente.

Mientras trato de escapar, la bestia negra me da alcance, me derriba, me desgarra un poco; yo hago intentos desesperados por librarme del dolor, pero el aroma de la bestia es tan dulce... huele a té y azúcar morena, a incienso de La India, a canela y clavo. Poco a poco el cansancio me gana y dejo a la bestia negra alimentarse de mis entrañas, su cuerpo es pesado, me inmoviliza, pero ya no opongo resistencia; me devora lentamente, se lame la boca, roja de sangre. Su pelaje es suave como un recuerdo de infancia, como un beso dado al atardecer, como una ola de mar; acariciarlo hace más soportable esta agonía.

Asimilo la muerte, me entrego, exhalo el suspiro final, abandono este mundo de miserias y felicidades de papel, abandono el reino de los seres crueles, abandono la morada del amor ingrato y me encamino hacia lo que no sé.


VIII.- Never meet or never part

Se despertó con la misma sensación amarga en el estómago y el escalofrío que recorre toda la piel, entonces a buscar otro vaso de agua en la cocina, sin prender las luces para no despertar a nadie, los pasos quedos, sigilosos... y el líquido arde en las entrañas devoradas por el ácido corrosivo de la bilis y después otra vez a la cama, con cuidadito, sacudir la sábana, amoldar la almohada.

Listo, arroparse, los pies, sino los zancudos... un suspiro, entorna los ojos, “a volar, a volar” piensa, pero los perros no dejan de rasgar la oscuridad con sus quejidos, con esos quejidos que se parecen tanto a sus ojos llenos de lágrimas, estos quejidos que me desvelan como el recuerdo de su piel tersa y el cabello desordenado cayéndole en la nuca, implorando con todo su cuerpo que me quede un poco más... y él que no podía, que tenía que llegar temprano, que los asuntos del día siguiente o la academia, o un problema del auto... o entonces esa locura inexplicable y salir corriendo para salvarse, ¿salvarse de qué? –de cualquier cosa, pero salvarse... porque el peligro se esconde donde menos esperas... –Y yo no entiendo tu paranoia, eso se llama miedo a ser feliz... Pero no era así, era miedo al lado oscuro de la luna, al lado oscuro del propio rostro, a ése que sólo se revela en las sombras de la habitación, en el amargo del estómago, en los complejos subconscientes. No podías darte cuenta porque para ti todo era luminoso y simple y a mí me daba rabia que sonrieras aunque las cosas salieran mal y sospeché de tu bondad, de tu fe en el universo y en ese mundo de preciosas mentiras infantiles en que vives. –Existen, me dijiste, pero no me enseñaste a creer y después ese dulce placer de venganza cuando derramaste la primera lágrima por mí, esa lágrima amarga como las paredes de mi estómago que se hacen eco de mis remordimientos de conciencia. Él quería aprender la alegría, pero se desesperó en el intento –Desesperación, sí, pesadilla, sí, “never meet or never part”, pero en el dolor la vida... Mejor conocerse, “or never part”, pero se rompió el círculo... Quizás el espiral, en el universo nada se destruye, y los perros aúllan hasta el amanecer... y de aquel rostro no se borró la sonrisa, el recuerdo la conservó intacta... y el ardor en la garganta... “or never meet”.




junio 13, 2008

El Espejo

Espejo:

MADUREZ
Moralidad / Apego al pasado
HACIA DENTRO
LAS CARGAS
Estrés / Participación
CONCLUSIÓN
ÉXITO
Somos el Mundo / Lucha
FLORECIMIENTO

Su Diamante:

Plenitud
Amigabilidad Conclusión Mente
Aislamiento

El día había sido caluroso y nublado, amenazante de lluvia, pleno de polvo, de humo, de ropa pegada al cuerpo. Triunfo... ¿Qué representa? Cumplir el cánon, saberse la línea, disimular la máscara, venderte. Pero si llegaras a practicar lo que en realidad deseas te automarginas.
Ella se sentó en el último vagón y sacó su libro. Divina ficción donde evado esta vida absurda, insuficiente; refugio a la mediocridad en que se fue convirtiendo todo, a la decadencia que me sume en la basura astral. Ampollas en los pies, callos en las manos, cabellos crispados por la humedad. Un arlequín pasea sobre el lomo de un tigre de bengala mientras recibe ovaciones. El cuerpo ligero se transforma en energía y flota, floto sobre el enjambre de zumbidos insoportables, atormentantes, responsabilidad, deber, hipocresía, no, diplomacia, mejor... búsqueda, aparecer una y otra vez, siempre en el mundo equivocado... Conversaciones telefónicas, acuerdos, citas, semáforos, escaleras, carros, puertas, rejas. ¡Rejas!

Él se encierra en sí mismo, se reconcentra, crea un mundo infranqueable, bloquea la mirada y no hay neurolingüistica que valga, ni compartida de conciencia, ni truco new age que lo convenza, que lo afloje, que lo reviva. A veces parece que todo ha llegado a un término, pero entonces el hielo se derrite y los colores se funden en las ramas de los árboles formando tonos iridiscentes.

Pero el peso y el cansancio de la rutina, del despertador atorrante, de los mismos nuevos reclamos, van apagando el fuego en cenizas grises y dispersas en el horizonte. Se enfrentan, quisieran cooperar pero se enfrentan, con su reflejo, con su proyección, con ese rostro que es otro pero es propio. Costumbre, el hombre es un animal de costumbres, mala costumbre, mal hombre, mal, mal, costumbre, costumbre, qué se le hace. Mientras tanto una mano sobrenatural encaja la última pieza al rompecabezas azul.

- ¿Quiere decir que esto es el fin?
- No lo sé, me cansé, no puedo escoger. Decide tú...

Pero no lo hace. Nadie decide. Después se acuestan a dormir y despiertan de nuevo y cada quien a su trabajo, a su martirio, a su jungla, y esta noche al volver se van a reconfortar, porque no se puede pelear más de una vez a la semana, porque si no no es vida, un infierno en la calle y otro en la casa... –y él no es malo, chica, fíjate, si el otro día hasta me trajo flores –y ella me comprende como nadie, pana, pero a veces, sí, es verdad, provoca matarla, todo un peo, no, sólo de vez en cuando –Ay, si hasta me estoy arrepintiendo de ser así, no sé, tan quisquillosa, tan histérica...
Un beso los reúne al atardecer con la promesa de una existencia menos miserable.

marzo 28, 2008

Los Higos



La pequeña tropa improvisada llega con atardecer al granero abandonado. Hacen un recuento: Treinta y seis hombres, cinco heridos graves, diez heridos leves, suficientes armas y municiones. –Pero no queda comida compañeros, se eleva la voz grave. –Ni agua. Reúnen cinco voluntarios, los más decididos, para una vuelta de reconocimiento.

La gente en los pueblos los aclamó al pasar, los ayudaron, escondieron, guiaron. Pero Los Pirineos son terrenos salvajes. Casi una semana andando, sin acampar ni una vez, sin detenerse más de lo necesario para reponer fuerzas, para descansar los pies callosos y ampollados. Los cinco elegidos siguen el sendero cubierto de maleza. El frío se cuela a través de los guantes y entumece las manos agrietadas. A lo lejos ven un pequeño caserío y campesinos.

Se acercan cautelosos. Todavía les revuelve el estómago el recuerdo del cruce del Ebro. El territorio sigue dominado, nunca se sabe cuál será el mal paso. La esperanza de una victoria está perdida, ahora la lucha es por la vida, por la supervivencia.

-¡Joder! No os expongáis así, zopenco, cúbrete tras los pinos hasta asegurarnos...
-Hombre, si no es para tanto, conozco la zona, ésos –señalando el poblado- solían apacentar en la ribera septentrional, ¡a por ellos, van a ayudarnos! Tengo un buen presentimiento.
-Mmmm, no me convences, pueden ser locales e igual andarse con el otro bando...
-Que te digo que confíes, majo, ¿creéis en Dios?
-Mira, ´joputa, no me ando como para jilipolleces religiosas, si estás con la República no puedes estar ahumándote de inciensos, eso lo sabe cualquiera.
-Tranquilo Blas, intervino el Gitano. –No perdáis tiempo en discusiones, continuó. –Necesitamos guardar a los compañeros de este invierno de mierda. Los franceses ya retiraron y en el sur las cosas están mal. Vamos al poblado, si nos toman, bueno, nos toman, pero no podemos dejar mal a los que confían en nosotros, porque la palabra es el mayor...
-Oiga, Gitano, dijo Blas interrumpiendo, con tono jocoso –que mandas a no perder el tiempo y te pones a dar discursos...

Los hombres rieron, quizás más de lo que el comentario ameritaba, pero en sus rostros cuarteados esta risa, demasiado similar a un lamento, resonó fresca, aflojando un poco el nudo del estómago.

Prosiguieron, abatidos, hacia lo que sería la salvación o la ruina.

Blas se adelantó, ¿para que arriesgarse todos?. Sus ojos brillaban como eco de ese cielo azul infinito, límpido, y en el fondo, ese abismo de dolor mudo, la insatisfacción de una vida que aspira a un destino más alto, que apuesta su realización al mañana, a un perfecto futuro donde la desazón desaparece y se puede sólo ser feliz, simplemente feliz, hasta desintegrarse del mundo y volar... Recordó su cámara, sintió el peso en la mochila, pero no podía, debía tener sentido común, prudencia, tanta gente dependiendo de este momento, esta luz malvácea desvaneciéndose entre los pinos, los piñones caídos, el musgo, esas nubes dejando derramar una cascada de luz sobre los techos de madera de las casas, esas ovejas en la línea del horizonte, ese pozo de piedra junto al sendero principal...

Sí, este hubiera sido sin duda un momento digno de retratar, pero no, debía llegar, conseguir agua, el pozo, el sol refractado en las cumbres nevadas del norte y más allá, el mundo, la libertad, la promesa del hogar que espera en alguna parte. ¿Dónde será eso a donde tengo que llegar? ¡Cómo reconoceré el camino? ¿Sabré cuándo detenerme, cuándo seguir?

Saludó desde lejos. Fue bien recibido; Uriarte, después de todo, había tenido razón. Simpatizaron como sólo los provincianos saben hacer, hermanándose sinceramente al reconocer el fuego escondido en los ojos del viajero, fuego de los hijos de otro mundo, “hechizado de los duendes” los llamaban en otro tiempo, más modernamente “soñadores” y acaso contemporáneamente, “idiotas”.

Los pueblerinos agasajaron a los cinco emisarios, pues Blas dio señal de paz a los demás, y luego de compartir un rato se marcharon apertrechados de hortalizas, nueces, leche, agua y mantos, amén de bacalaos, truchas, jamones, tocinos, salchichas y otras carnes secas.

Tomaron la vía de la carretera para volver. Podían estar tranquilos durante el camino, ocupándose sólo del peso que cargaban y la noche que iba cayendo hace tiempo ya.

Una canción revolotea sin cesar en mi cabeza.
¡El ruiseñor de Francia! ¿Cómo podía llegar a saber que mi pequeño ruiseñor de un día, la herida que arde en las noches con tu recuerdo, ruiseñor, pobrecita madre desolada bajo la lluvia y yo abrazándote, ruiseñor... perdiste tu criatura y tropezaste conmigo en medio de tu desesperación y yo te abracé, porque eras (¿eres?, ¿serás?) hermosa y estabas triste, perdida, mojada... y esos ojos tuyos tan grandes fijos en mí, ruiseñor ¿Cómo saber entonces, o ahora, que mi ruiseñor de Francia volaría tan alto... mi pequeño ruiseñor. ¿Cómo evitar besarte cuando clavaste tus ojos en los míos con esa luz que irradiabas desde el fondo de las lágrimas? Pobre marinero del Sena, extranjero, aventurero, si hubiera sabido lo que tardaré en encontrar unos ojos así, las tierras que atravesaré, las traiciones, todo eso que debo recorrer para llegar a mi otro ruiseñor, de tierras cálidas, de sabor criollo... no te hubiera dejado ir esa noche ruiseñor, cuando cantaste para mí, cuando te consolé, cuando te amé...

Blas ha quedado rezagado, perdido en sus propias ideas mientras el resto del grupo llega al viejo granero, para satisfacción de los ayuntados. Nadie se preocupa por él; es un líder natural, creen que se dilata a propósito. En el hogar encendido, con las dádivas de los naturales, van montando un guiso, con representantes de todas las comunidades dándole su toque, ¡mi madre! Que este guiso va quedando muy bien, qué aroma tiene... Hostias, no le agreguéis más nada, no vaya a pasar de sal, saca la mano de allí, gilipollas, que vais a echar todo a perder, madre santa... No, si no es para tanto, tío, que una hierba no daña el gusto, por el contrario –Saca la mano, Gitano, no le busquéis más rollo al abuelo... (Risas generales).

Y de pronto, zuas, da de trompas al piso, menos mal que los reflejos... ¿Una piedra? No, pero...¿con qué tropecé? Se da vuelta y entre la maleza descubre la causa de su accidente: Un cajón de madera, astillado, alimento, sin duda. Blas revisa su mochila y consigue un tubo que hace buena palanca, descubrir ante todo, los alimentos nunca sobran en estas circunstancias, pero comprobar el estado, eso sí, porque cargar ese peso innecesariamente... qué es... mete la mano entre los envoltorios de papel, textura suave, arrugada, fruta, sí, lo prueba con aprensión, pero entonces no lo puede creer, ese sabor, esa dulzura que se derrama, toda su boca hecha agua, los recuerdos, el patio de la abuela y ella con su delantal, todavía resuena en su cabeza “... anda, hijito, tráeme unos bien maduritos del patio del fondo, pero no vayáis a quedaros por ahí alela’o, haciendo esperar a esta pobre viejita” y después preparaba tarros y tarros de su mermelada de higo-nuez y ponía a secar otros tantos para dárselos en la merienda y así “no anda comiendo porquerías modernas por ahí” y “que no abuela, si no como nada”... mentira, ya comía chicle, como todos los muchachos y caramelos importados y también el tabaco de mascar, pero cuidado, que el jugo marea, las primeras veces se lo había tragado y todos los demás se habían dado cuenta y rieron. Se rieron de él... y tú mi ruiseñor, también reíste de mí, amor, de mi amor, porque, dijiste, los ruiseñores no saben amar, sólo volar, volar, volar, hasta caer heridos en alguna parte, en algunos brazos de marineros extranjeros y perdidos en los puentes de país, desde abajo todo se ve diferente, pero, ¿cómo no amarte, ruiseñor, con esos ojos grandes como los de mi abuela y el resto de ti, sólo ojos, tan pequeña?, amé tus ojos de muerte, tus ojos de dolor, y ahora el dolor y la muerte que me han rodeado (¿qué me rodearán?) son ecos de tus ojos, espejos quebrados que repiten tus ojos por millares, convulsivos, compulsivos, tus ojos que encontraré tantos años después en un mercado municipal, acalorados, asediados por sus pequeños hijos... tus ojos, ruiseñor, pero sin dolor, sin pérdida, porque en esas tierras todo retoña, ruiseñor, no como aquí o allá, esa noche, no, sus ojos estarán llenos de bochorno y risas... ¡Risas! Nadie ha reído con la aparatosa caída. Deberían haberlo hecho, pero todos están demasiado adelante como para darse cuenta.

Sólo ahora Blas se percata de su ausencia; se sacude la nieve y las hierbas y carga con la caja hallada; seguramente cayó de un camión de transporte, piensa mientras apura el paso.

febrero 24, 2008

Accidente


Ella debió tener más cuidado.
Al Principio yo no tenía nada, era sólo una entre muchas esperando el gran momento, luego Ella me pidió y el Señor me tomó, me introdujo en el umbral de la vida y sobre mí empezaron a aparecer signos. Cuando estuve lista me colocaron en sus manos, fue el momento más feliz de mi vida.
Pero ella debió tener más cuidado. Poco a poco mi tersa faz se fue llenando de marcas, Ella era tan descuidada; las manchas de su maltrato pronto se instalaron definitivamente sin que yo pudiera hacer algo por defenderme. También un día me dejó olvidada en una mesa… Ella debió tener más cuidado.
Antes era diferente, cuando me vio por primera vez no podía apartar sus ojos de mí, me mostraba a sus amigos, me hizo un lugar al lado de su cama… pero ahora, ya ves, la delicadeza se apartó de su trato, ya no más el lugar privilegiado de su cuarto, ya no miradas atentas ni orgullosas exhibiciones, y así, de pronto, como si fuera poco, me deja caer, aquí, entre los rieles, a pocos minutos del paso del tren.
Ella debió tener más cuidado, se acerca mi fin, la contemplo por última vez, pronto los vagones destruirán mi cuerpo, ella debió tener más cuidado; regresaré a la nada, se agota mi tiempo, suplicante, fijo en Ella la mirada, debió tener más cuidado, ya lo he dicho, pero es demasiado tarde.
En la espera de mi agonía inevitable, resignada a mi desintegración, veo que Ella toma del brazo a su amiga y le dice con angustia: “Marica, se me cayó la fotocopia de la clase”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...